Evangelio 

Evangelio del día Jueves 26 de Enero

Memoria de santos Timoteo y Tito, obispos, compañeros de san Pablo.

Santo del día: Santa Paula de Belén.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Debemos recordar la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, “el dueño de la mies… mande obreros a su mies.”

Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión.

Efectivamente, si la Iglesia es misionera por su naturaleza, la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión.

Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos…

Quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da.

Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida.

El libro del Éxodo – el segundo libro de la Biblia -, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana.

De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

[…] En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).

[…] La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida.

A María nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás. (Mensaje del Santo Padre Francisco para la 52 jornada mundial de oración por las vocaciones, 14 de abril de 2015)

Oración de Sanación

Señor, hoy te busco solicitando tu ayuda para que me ayudes a tener una mejor actitud ante la vida, más positiva, entusiasta y optimista y a saber controlarme y no desesperarme en los momentos difíciles.

Concédeme la gracia de conocer y practicar siempre el bien, pues sin Ti, voy como con rumbo perdido hacia la nada. Que pueda vivir según tu voluntad, con lucidez e inteligencia para entender cuál es mi misión, asumirla y vivirla.

Ven mi Dios, dame el valor y la perseverancia para llegar a cumplir con todas mis responsabilidades y compromisos que me acercan a tu proyecto de salvación y a aceptar tus enseñanzas por muy duras que parezcan.

Ven y cierra mis oídos a la calumnia y al chisme para evitar distraerme y no hacer, lo que por amor, debería estar haciendo. Que pueda ser un misionero valiente capaz de preparar a tu pueblo para el encuentro contigo.

Quiero ser un testigo de tu amor, tener presente que el trabajo que realizo es por Ti y nada más que para Ti. Es un gran privilegio saber que has puesto tu mirada sobre mí y me has elegido de entre todas tus criaturas

No permitas que la duda me asalte antes de ponerme en camino. Envíame la ayuda divina de tus ángeles y la asistencia del Espíritu Santo para así pisar firme y ganar las fuerzas que requiero para seguir luchando

Concédeme un corazón libre, sin apegos ni afanes egoístas. Que yo pueda viajar liviano y evitar aquellos enredos que no edifiquen mi vida. Ayúdame a permanecer enfocado en Ti.

Confío en que me llenas de tu Paz en este momento y me vas colmando de tu gracia. Amén

Propósito para hoy

Siguiendo el ejemplo de María, al ayudar a los demás, hoy, lo haré con humildad y prudencia, buscando siempre lo mejor del otro.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Dios ama al que da con alegría. Aprendamos a dar generosamente, desprendiéndonos de los bienes materiales”. (Papa Francisco)

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