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El Papa advierte contra la riqueza, el poder, la vanidad

A veces queremos un Dios que se pliegue a nuestros deseos, y mágicamente intervenga para cambiar la realidad y convertirla en lo que deseamos”. Las primeras audiencias después de las fiestas de Navidad suelen ser bastante alegres y frías. Alegres, por la presencia de villancicos y niños, muchos niños, como el que acaba de nacer en Belén. Frías, por el gélido invierno romano, que obliga a trasladarlas al Aula Pablo VI.

Allí se desplazó el Papa Francisco este miércoles para estrechar manos, recibir abrazos, intercambiar solideos y sonrisas. Bergoglio tarda en recorrer cien metros más de diez minutos, pues se detiene a cada instante, en esa teología del “mirar a los ojos” que defiende como una de las claves de su pontificado.

En su alocución, Bergoglio denunció a “los ídolos que nos ofrecen falsas esperanzas”, frente a la “gran esperanza, y definitiva”, que viene del Señor. “Esperar es un deseo primario del hombre; esperar en el futuro, creer en la vida y pensar en positivo”, recalcó el Papa, quien incidió en que “es importante que esta esperanza sea respuesta en todo lo que puede ayudar a vivir, y a dar sentido a nuestra existencia”. Por esto, la “Sagrada Escritura advierte contra las falsas esperanzas. Estas falsas esperanzas que el mundo nos presenta, enmascarando su inutilidad y mostrando la insensatez”.

La fe es fiarse de Dios, el creyente se fía de Dios, pero siempre hay un momento en el que, al encontrarse con la dificultad de la vida, el hombre experimenta la fragilidad y la duda, y siente el deseo de certezas diversas, de seguridades tangibles, concretas…. (Yo me fio de Dios, pero la situación es complicada, necesito una certeza concreta…. y ahí está el peligro)”, recalcó el Papa.

“Somos tentados de conseguir un consuelo efímero, que elimine la fatiga de creer”, denunció, apuntando que “pensamos poder encontrarlo en la seguridad del dinero, por ejemplo, o las alianzas con los poderosos, o la mundanidad, o en las falsas ideologías. A veces queremos un Dios que se pliegue a nuestros deseos, y mágicamente intervenga para cambiar la realidad y convertirla en lo que deseamos. Pero eso es un ídolo que no puede hacer nada, impotente”.

En este punto, Bergoglio recordó una anécdota en Buenos Aires, cuando caminaba de una iglesia a otra y, en mitad del camino, se detuvo en un parque. “Esta lleno de gente, y un hombre. Tú le dabas la mano y él comenzaba a leértela. El discurso es el mismo: ‘tú tendrás una mujer que vendrá, y dinero’… y luego tú pagabas…. Eso te daba la seguridad, permitidme la palabra, de una estupidez. Esto es un ídolo. Me han tirado las cartas…. yo sé que ninguno de vosotros hace esto, pero me ha hecho pensar”, señaló.

Esto es un ídolo: pagar para que te den una falsa esperanza“, recalcó el Santo Padre. “Compramos falsas esperanzas. ¿Y la esperanza de la gratuidad, la que nos ha dado Jesucristo, gratuitamente? Esa… no la queremos tanto”, lamentó.

Recordando la lectura del salmo 115, Francisco subrayó la “realidad absolutamente efímera de esos ídolos” que “no se trata solo de figuras de metal. Cuando las construimos en nuestra mente y los transformamos en absoluto, renunciamos a Dios en nuestros esquemas, o le ponemos nuestra idea de divinidad, y lo convertimos en un Dios previsible, igual que los ídolos de los que habla el salmista”.

Un Dios “a nuestra propia imagen”, que “da una imagen reducida: no siente, no escucha y, sobre todo, no puede hablar”, advirtió el Papa, quien lamentó que “a veces parecemos más contentos de andar con ídolos que de caminar con Dios. A veces, esa efímera esperanza, que es falsa, nos parece mejor que la gran esperanza, segura, que te da el Señor”.

“A la esperanza en un Señor de la vida que con su palabra ha creado el mundo y conduce la existencia, se contrapone la creencia en simulacros: la ideología con pretexto de absoluto, la riqueza, el poder, la vanidad con su ilusión de eternidad e omnipotencia; valores como la belleza absoluta, cuando se vuelven ídolos y piden sacrificar cualquier cosa, confunden la mente y el corazón, en vez de favorecer la vida, conducen a la muerte”, concluyó Bergoglio, quien pidió “esperar en Dios”, porque “Dios dará sus bendiciones”.

La tentación de los ídolos también se da “en los hombres de Iglesia, que corremos este riesgo cuando nos mundanizamos. Estar en el mundo, pero defendernos de las ilusiones del mundo”. “Los ídolos siempre defraudan, son fantasía, no son realidad. Sólo en Dios encontramos la esperanza”.

En su saludo final en italiano, el Papa sacó uno de los billetes rojos que dan acceso al Aula. “Debo decir algo que no quería hacer, pero tengo que hacerlo”, señaló. “Para entrar a la Audiencia, tienen estos billetes. Escrito aquí, dice que el boleto de entrada es absolutamente gratuito. No se debe pagar. Esta es una visita gratuita que se da al Papa, al obispo de Roma”, apuntó, denunciando que “he sabido que hay algunos que quieren cobrar el billete. Si alguien os dice que para entrar a la audiencia del Papa hay que pagar algo, ¡os están engañando! Estad atentos. Esto es gratuito. Aquí se viene sin pagar, porque esta es la casa de todos. Si alguien os quiere hacer pagar es un delincuente, ¿de acuerdo?”.

Por Jesús Bastante
Religión Digital
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