Evangelio 

Evangelio del día Viernes 16 de Diciembre

Viernes de la tercera semana de Adviento.

Santos del día: Beato Felipe Siphong Onphitak, Beata María de los Ángeles.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 5, 33-36.

Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

¿Me hago el católico, el cercano a la Iglesia y luego vivo como un pagano? Pero Jesús no lo sabe, nadie va a contárselo. Pero Él lo sabe. Él no tenía necesidad de que alguien diera testimonio; Él de hecho, conocía lo que hay en el hombre.

Jesús conoce todo aquello que hay adentro de nuestro corazón: nosotros no podemos engañar a Jesús. No podemos, delante de Él fingir que somos santos y cerrar los ojos, hacer así, y después llevar una vida que no es aquella que Él quiere. Y Él lo sabe.

Todos conocemos el nombre que Jesús daba a estos de doble cara: hipócritas, “Pero yo voy a la Iglesia, todos los domingos, y yo…”, sí podemos decir todo aquello.

Pero si tu corazón no es justo, si tú no haces justicia, si tú no amas a aquellos que tienen necesidad del amor, si tú no vives según el espíritu de las Beatitudes, no eres católico. Eres hipócrita

En Cuaresma, todos debemos preguntarnos: “¿Jesús, te confías de mí? ¿Yo tengo una doble cara?” Dentro de cada uno de nosotros se encuentra el pecado, pero del pecado Jesús no se asusta.

También dentro de nosotros hay suciedades, hay pecados de egoísmo, de soberbia, de orgullo, de codicia, de envidia, de celos…¡tantos pecados! También podemos continuar el diálogo con Jesús.

Si reconocemos que somos pecadores y abrimos la puerta a Jesús, podemos limpiar el alma:

¿Ustedes saben cuál es el látigo de Jesús para limpiar nuestra alma? La misericordia. ¡Abran el corazón a la misericordia de Jesús! Digan: “¡Pero Jesús, mira cuánta suciedad! Ven, limpia. Limpia con tu misericordia, con tus palabras dulces; limpia con tus caricias”. (Encuentro con los jóvenes en la parroquia romana de Santa María Madre del Redentor, Roma, 09 de marzo de 2015)

Oración de Sanación

Mi Señor, en este momento de mi vida, quiero darte gracias por todo tu amor y tu amistad. Quiero buscarte con todo mi corazón, entregarme del todo a Ti y sentir que vivo para Ti.

Quiero comprender cada palabra que Tú pronuncias, cada gesto de amor con el que obras; pero no quiero comprenderlo sólo con la mente sino también desde lo más profundo de mi corazón.

Tú te revelaste a los más pequeños, a los necesitados, a los que estaban marginados, a los pecadores, y yo me cuento entre todos ellos. Creo firmemente que Tú eres mi luz y mi salvación

Gracias por estar siempre atento a mi vida, regalándome de tu fuerza para salir adelante. En Ti puedo ver el amor del Padre que me espera, Tú eres el reflejo de su inmensa bondad. Sé que puedo contar contigo cada vez que elevo mi mirada hacia Ti buscando tu apoyo y tu consuelo, porque tu amor y misericordia es infinita y está al alcance de todos los que te buscan arrepentidos.

Oh Señor, hazme caminar siempre tomado de tu mano, quiero construir mi vida en base al servicio y a la humildad y sobre todo siguiendo tu voluntad, que es la del Padre.

Dame tu fuerza y sabiduría para decidir siempre por tu amor y tu perdón y así librarme de todo aquello que pueda causarme angustia y dolor.

Confío en Ti, en tus bendiciones y en tu presencia amorosa que renueva mis fuerzas y no me abandona en el momento de la prueba. Amén

Propósito para hoy

Ofreceré un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria por las Intenciones de la Iglesia y por el Papa Francisco.

Frase de reflexión:

“La lucha contra el mal es ardua y prolongada; es necesario rezar constantemente y con paciencia”.
Papa Francisco.

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