Evangelio 

Evangelio del día Lunes 05 de Diciembre

Lunes de la segunda semana de Adviento.

Santos del día: Beato Nicolás Stensen, San Felipe Rinaldi.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 17-26.

Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar.
Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús.
Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.
Al ver su fe, Jesús le dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”.
Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: “¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Qué es lo que están pensando?
¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados están perdonados’, o ‘Levántate y camina’?.
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa”.
Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.
Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: “Hoy hemos visto cosas maravillosas”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Ante todo, ¡Dios perdona siempre! No se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Pero Él no se cansa de perdonar.

Cuando Pedro pregunta a Jesús: ¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Siete veces?. No siete veces: setenta veces siete. Es decir siempre.

Así perdona Dios: siempre. Y si tú has vivido una vida de tantos pecados, de tantas cosas feas, pero al final, un poco arrepentido, pides perdón, ¡te perdona inmediatamente! Él perdona siempre.

Sin embargo, la duda que podría surgir en el corazón humano está en el cuánto Dios está dispuesto a perdonar. Y bien basta arrepentirse y pedir perdón. No se debe pagar nada, porque ya Cristo ha pagado por nosotros…

No hay pecado que Él no perdone. Él perdona todo. “Pero, padre, yo no voy a confesarme porque hice tantas cosas feas, tan feas, tantas de esas que no tendré perdón…” No. No es verdad. Dios perdona todo. Si tú vas arrepentido, perdona todo. Cuando… ¡eh!, tantas veces ¡no te deja hablar! Tú comienzas a pedir perdón y Él te hace sentir esa alegría del perdón antes de que tú hayas terminado de decir todo.

Además cuando perdona, Dios hace fiesta. Y, en fin, Dios olvida. Porque lo que le importa a Dios es encontrarse con nosotros… (Homilía en Santa Marta, 24 de enero de 2015)

Oración de Sanación

Mi Señor, despierto, miro adelante, pasa el tiempo y siento que mi vida se me va desgastando en cosas sin sentidos cuando me aparto de tu lado y me olvido de las maravillas que has hecho por mí.

No permitas que me vuelva estéril en la fe, que se sequen las raíces de mi corazón y no den frutos generosos ni produzca vida en los demás. Quiero invitarte a formar parte de mi vida y muevas mi corazón al amor y al perdón

Cuántas veces no me he sentido como paralizado del miedo y la angustia de todo lo negativo que acontece en mi vida y por los cuales no avanzo en la gracia ni puedo experimentar por completo tu amor. Ven y tiéndeme tu mano. Ayúdame a soltar la camilla de mis vicios y defectos, la camilla de mis malos hábitos y acciones poco dignas. Quiero dejar atrás las heridas y dolores de esta alma manchada por la indiferencia.

Oh, amado mío, teje en mí el deseo de levantarme con paso firme y comenzar de nuevo. Dilúyeme en la fuente de amor y dame la oportunidad de salir resplandeciente y vivo con tu compañía poderosa.

Deseo sentir todo tu amor, toda tu pasión y entrega. Aumenta en mí la fe. Quiero seguir creciendo bajo tu sombra poderosa y así poder enfrentar con valentía cualquier situación complicada y salir victorioso

Te pido perdón, Señor mío, cuando me he quedado como paralizado ante el llamado de auxilio de mi prójimo y no he sabido dar mi mano al necesitado. Como aquel paralítico a quien sanaste, también quiero yo levantarme con tu poder, cargar con la camilla de mis errores pasados y seguirte para siempre hasta mi último aliento de vida. Amén

Propósito para hoy

En tu almuerzo, sea en tu trabajo o en tu casa, habla sólo de las cosas buenas que nos ha dado Dios.

Frase de reflexión

“La fidelidad de Dios es más fuerte que nuestra infidelidad y nuestras traiciones”. Papa Francisco

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