Evangelio 

Evangelio del día Jueves 15 de Diciembre

Jueves de la tercera semana de Adviento.

Santos del día: Beato Carlos Steeb, Santa María Crucificada de Rosa.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 24-30.

Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes.
¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.
Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan.
Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

La figura de Juan Bautista, no es siempre fácil de entender. Cuando pensamos en su vida es un profeta, un hombre que fue grande y luego termina como un desgraciado.

Entonces ¿quién es Juan? “Yo soy una voz, una voz en el desierto”, pero es una voz sin Palabra, porque la Palabra no es Él, es otro. He aquí cual es el misterio de Juan: Jamás se apodera de la Palabra, Juan es aquel que indica, aquel que señala. El sentido de la vida de Juan es indicar a otro.

Verdaderamente Juan era el hombre de la luz, llevaba la luz, pero no era luz propia, era una luz reflejada. Juan es como una luna y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan comenzó a disminuir y a apagarse. Voz no Palabra, luz, pero no propia.

Juan parece ser nada. Aquella es la vocación de Juan: aniquilarse. Y cuando nosotros contemplamos la vida de este hombre, tan grande, tan potente – todos creíamos que fuese él el Mesías – cuando contemplamos esta vida, como se anonada hasta la oscuridad de una cárcel, contemplamos un gran misterio.

No sabemos como habrán sido los últimos días de Juan. No lo sabemos. Sabemos sólo que fue asesinado, su cabeza sobre una bandeja, como gran regalo de una bailarina a una adúltera. Creo que no se pueda caer más que esto, anonadarse. Aquel fue el fin de Juan

En la cárcel, Juan experimentó la duda, tenía una angustia y llamó a sus discípulos para ir a Jesús preguntarle: “¿Eres Tú, o debemos esperar a otro?”. En su vida hay oscuridad, el dolor. Ni siquiera esto le fue ahorrado a Juan… La figura de Juan me hace pensar tanto en la Iglesia.

La Iglesia existe para proclamar, para ser voz de una Palabra, de su esposo, que es la Palabra. Y la Iglesia existe para proclamar esta Palabra hasta el martirio. Martirio precisamente en las manos de los soberbios, de los más soberbios de la Tierra.

Juan podía hacerse importante, podía decir algo por sí mismo… sólo esto: indicaba, se sentía voz, no Palabra.

El secreto de Juan. ¿Por qué Juan es santo y no ha pecado? Porque jamás, tomó una verdad como propia. No quiso hacerse ideólogo. El hombre que se negó a sí mismo, para que la Palabra descienda.

Y nosotros, como Iglesia, podemos pedir hoy la gracia de no convertirnos en una Iglesia ideologizada…”. (Homilía en Santa Marta, 24 de junio de 2013)

Oración de Sanación

Mi Dios, mi Señor, te doy gracias por haber derramado todo tu amor en mi corazón, un amor gratuito que se transforma en el combustible de mi corazón impulsando mi vida persiguiendo siempre el bien

Quiero que vengas hoy sobre mí, con todo tu poder, con todo tu amor, y hagas saltar de gozo mi alma como lo hiciste con Juan Bautista. Quiero sentir tu fuego abrazador, tu grandeza, tus Palabras llenas de fe y esperanzas que sacuden mis miedos y me hacen salir de mis propios desiertos.

Me gustaría aprender a proclamar tu amor y tu verdad aunque a muchos no les agrade. Quisiera tener la valentía y la fe como la de Juan el Bautista, que señaló tus caminos con gran verdad. Que pueda yo aprender de su ejemplo, a imitarlo en esa coherencia de fe que no se doblega ante las amenazas o improperios.

Ayúdame, con tu amor, a superar todos mis obstáculos en mi interior, que no me permiten anunciarte en todos mis ámbitos. Quiero también sentir que disminuyo a medida que te doy a conocer, porque sólo Tú debes brillar, sólo Tú eres grande, quien debe resaltar desde todos mis entrañas hasta donde me alcance la voz.

Ven y silencia mi mente de las ataduras del mundo, de todo aquello que me separa de una vida de gozo junto a ti. Quiero ser testimonio de tu amor y que todas mis acciones estén llenas de Ti, de tu bondad. Que quien esté a mi lado, pueda reconocerte a Ti, reconocer tu rostro de compasión. Amén

Propósito para hoy

En la oración del día incluiré una acción de gracias a Dios y cuidaré de ser agradecido con todas las personas a mi alrededor

Frase de reflexión:

“Pidamos hoy por todos los perseguidos a causa de su fe cristiana”. Papa Francisco

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