Editorial 

Dios necesita de tu voluntad

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

Todo lo que hacemos trasciende en el tiempo impactando en los demás, y en muchas ocasiones, lo hace silenciosamente. Cuántas veces creemos que hemos dado un consejo al aire o que la pequeña acción que hicimos nadie la notó. Todos nos hemos sentido en ocasiones desalentados por hacer el bien ya que nadie lo admira. Pero recuerda, todo lo que guardas en tu corazón y aún lo que parezca desapercibido por los otros, a los ojos de Dios es claro y grande.

He leído algunos libros muy interesantes a lo largo de mi vida, pero debo admitir que hasta hace algunos meses me di cuenta del gran valor, de la importancia, que tiene lo que transmitimos a los demás. Cada acción sin palabras así como cada palabra sincera, dejan una semilla en el prójimo. ¿No te ha sucedido que lees un libro y te sientes una persona diferente? Como si aquellas páginas le hubieran agregado sentido a lo que sabías, o por el contrario, a lo que no conocías. Fue precisamente por esto que me animé a escribir sobre mi fe y, tras poco tiempo, nació en mí el deseo de compartirlo; tal como me habían ayudado los libros, así podrían tal vez ayudar a alguien más.

Al principio, no llegaba a considerar que pudieran interesar y muchas veces me pensé que la gente se diría pero eso ya lo hemos escuchado. Sin embargo, al ver los esfuerzos que hace la Iglesia Católica por evangelizar en la actualidad, a través de los medios de comunicación al alcance de la mayoría además de los maravillosos libros y artículos sobre nuestra fe, comencé a reflexionar. Cuántas veces he leído libros que hablan sencillamente, con lenguaje entendible a toda persona, y me han dejado tanto. Y es que en realidad quienes se han dedicado a escribir y a evangelizar para que un número mayor de personas conozcan el amor que Jesús y María les tienen, son quienes dejan una semilla fuertemente arraigada en nuestros corazones.

Gran ejemplo de ello es esta maravillosa página Laus Deo (Alabado sea Dios); personas como tú y como yo, que ponen sus talentos al servicio de Dios. Quiero compartir contigo que mi motivación principal al escribir es ganar almas para el Señor. Es lograr que al menos una persona reflexione sobre su fe y ¡Qué gran regalo sería si un día llegara a amarla como lo hizo Cristo! Sabes, existen tantas obras emprendidas por laicos y consagrados de nuestra Iglesia con la esperanza de que todas las almas, valiosísimas ante los ojos de nuestro Señor, sientan la necesidad de continuar esta labor de dar a conocer la Misericordia y el Amor de nuestro Padre y de María Santísima.

Reflexiona lo siguiente por unos momentos: todo lo que sabes ha sido por lo que alguien más dijo o hizo. Ahora imagina ¡Qué maravilla que todo lo positivo, lo hermoso de nuestra Iglesia, sea conocido por todos! Cristo fundó Una, Santa, Católica y Apostólica y bueno, seguramente te estás diciendo eso lo sé desde hace mucho tiempo. Pero ¿Puedes creer que aún muchísimos seres humanos en el mundo no saben que son amados por un Padre que dio a su único Hijo para que los salvara de la condenación eterna? ¿Cómo te sentirías si al persignarte alguien te preguntara lo que eso significa? ¿Qué harías si observar que una persona se siente sola, abandonada o sin esperanza y te das cuenta que es porque no conoce el amor de Jesús o la maternidad y protección de la Madre de Dios y Madre nuestra?

Por ello Jesús nos invitó diciendo: ustedes son la luz del mundo¿Quién enciende una lámpara para taparla con un cajón? Pero cuántos de nosotros sabemos tanto, hemos recibido grandes conocimientos de los libros, un consejo de nuestros padres o de un sacerdote, y nos guardamos lo que para otra persona ¡Sería el motivo de seguir con vida! Por ejemplo, algo que leí y que he comenzado a hacer hace un par de semanas es bendecir a las personas que se cruzan en mi camino. No tiene que ser en voz alta ni haciendo la señal con las manos. Simplemente mirarlos y pensar con el corazón “Señor mío, bendice a esta persona y cuídala siempre” o “Mamita María, cubre con tu manto a esta persona, te lo pido en el nombre de tu Hijo amado Jesucristo”. Estos son ejemplos sencillos, lo importante es bendecir a los demás con sinceridad. ¿A caso no harías esto por tu hermano? Ellos lo son también. Una bendición o una oración breve por ellos puede arrancarlos del mal que iban a hacer, en el que estaban inmersos, o del mal que sobrevendría sobre ellos después.

Tener confianza en que el poder de la oración, de la bendición y de compartir lo que tenemos con los demás -sea material o no-, es tener la certeza de que Dios es Omnipotente. Es dejar en manos de María el corazón nuestro y el del prójimo para que sea llevado con seguridad hasta Jesús, quien con amor y misericordia lo sanará. Todo se resume a: siembro amor, cultivo amor, recojo amor y reparto amor. No de ese que se nos vende hoy efímero y pasajero, condicionado y falso, no. Al sabernos hijos del Altísimo y de la Virgen María es natural que brote amor verdadero para dar a montones. Como dijo un chico una vez durante un viaje que cambió su vida haciendo apostolado: No es más rico el que tiene más, sino el que da lo que tiene

Inmediatamente pensamos, tengo que dar todo mi dinero, vender todo, deshacerme de todo; el dinero es malo. ¡No! Tal como le dijo la Santa Madre Teresa de Calcuta al empresario canadiense Robert Ouimet sobre dicho cuestionamiento, ya que él tenía esta duda por aquel pasaje en la Biblia del joven rico, que no pudo seguir a Jesús por el amor a su riqueza. Ella le dijo: No tienes que vender nada, porque nada es tuyo. Todo te ha sido prestado. Wow. Qué razón tenía, nada es nuestro. Con nada hemos venido y con nada nos iremos. Es una ilusión mundana eso de que “yo soy más rico que el otro porque tengo más billetes en el banco”. El día que te vayas esos billetes pasarán a otras manos.

La verdadera riqueza, es aquella en que la persona se siente tan amada y tan completa que siente la necesidad de dar a los demás lo que Dios le ha dado: amor, alegría, ánimo, cariño, afecto, apoyo. Nada de esto necesita dinero. ¡Todo esto es gratis! Sólo hace falta tener a Dios en nuestro corazón para empezar. De hecho, hoy es un gran día para comenzar a explorar, para buscar y pensar cómo puedo aportar, cómo puedo ganar almas para mi Señor. ¿Quiero aliviar el Inmaculado Corazón de María y el Sagrado Corazón de Jesús? Te aconsejo algo que yo misma he empezado a hacer y me ha funcionado de maravilla: empieza por poco pero sé constante.

  1. Haz oración(habla desde tu corazón como a un mejor amigo) a Dios, a Jesús, a María. Cuéntales tus miedos, lo que te detiene.
  2. Pídele al Espíritu Santo que te iluminepara que distingas aquel talento que llevas y que tanto bien puede hacer a tu sociedad. Todos somos agentes de cambio, todos somos santos.
  3. Dios + 1 es un ejército.Dios necesita de tu voluntad, de tu amor por Él para que perseveres en esta tarea, que no es fácil, pero sí altamente recompensada. ¡Vivir en la gloria de Dios, en la felicidad eterna, con los santos y los ángeles en el cielo!

Todo, aún lo más pequeño crea un cambio. Ganemos almas con una sonrisa y un “Dios te ama”, “Dios te bendice” a quienes vayan por tu camino. Pues si alguien te lo dijera de corazón, seguramente te alegraría. No tengas miedo de ser firme en tus convicciones aunque no todos respondan como quisieras, ya que tu Padre que ve en lo secreto te lo recompensará. Qué hermoso sería que, así como cuando María le dijo a su Hijo Jesús que no había vino, con la seguridad de que Él haría algo, así fuéramos nosotros. Cada día Dios nos habla, y nos pide ayudarlo a través de nuestros talentos. Con amor te pregunta ¿Quieres ayudarme hijo mío? esperando en el silencio. Tú, ¿Qué responderías?

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