Editorial 

Ser personas de mente abierta en una sociedad convulsionada con antivalores

Inicio este artículo haciendo referencia a una conversación que tuve con una alumna universitaria, a quien le pregunté sobre un tatuaje ¿Qué le dijo su madre sobre el tatuaje en su espalda?, ella me responde tajantemente “Nada, a ella no le gustan, pero se debe tener mente abierta”. ¿Será que existe una confusión con hacer lo que queramos en nuestra vida sin ver las consecuencias? ¿Mente abierta es acoplarse a un mundo cambiante? ¿Es respetar las opiniones aunque no estemos de acuerdo? ¿Hasta dónde llega la tolerancia en aceptar a los demás que, en nuestro análisis, no siguen los preceptos brindados por Dios?

Se ha analizado que este planeta necesita que se tenga un examen exhaustivo en donde los valores están reprobados, una sociedad que parece Sodoma y Gomorra. La misma sociedad ha cambiado el rumbo hasta en las mismas leyes terrenales y las escritas en la Biblia. Retóricamente  tener mente abierta, no es referirse a la definición psicológica de aceptar a las personas o criticarlas según su actuar. Tener mente abierta puede implicar un arma de doble filo.

En el contexto filosófico, tener mente abierta significa ser capaz de dar sentido comprensivo y valorativo al sin fin de cosas e información que se recibe a diario. En la mente abierta existen filtros que mantienen a la basura afuera, según el diccionario de filosofía de Mario Bunge.

Los gobiernos están cambiando las leyes y en esta sociedad convulsionada, hablar de mente abierta implica analizar muchos factores. Mi análisis es que no implica libertinaje o actuar cambiando paradigmas o estereotipos.

Para  muchos  jóvenes manifestar que viven en un mundo en donde se debe tener mente abierta implica: abortar sin prejuicios o burlarse de las leyes; tener relaciones sexuales fuera del matrimonio desde temprana edad: diez, once o catorce años;  tatuarse todo el cuerpo; ingerir drogas de todo tipo, etcétera. Una leyenda manifiesta “yo hago con mi cuerpo lo que yo quiero” ¿Están de acuerdo? Cuantas veces se ha escuchado “Papá, usted debe tener mente abierta, no sea ridículo o pasado de moda”.

Para algunos jóvenes tener mente abierta es: abusar del poder y alcoholizarse  hasta enfrente de los padres; hacer caso omiso a las reglas del hogar; endrogarse, tomar a la mujer como símbolo sexual o practicar el sexo con quien sea. Además, tener mente abierta es practicar el homosexualismo o aceptar las actividades que realizan los miembros de LGTB, etc. Esta diatriba es ver todo  normal como en las grandes potencias. En los países subdesarrollados las cosas están cambiando, todo por imitación o alienación. Se escucha “Yo tengo mente abierta, soy homosexual y la sociedad lo sabe”, “me prostituyo porque tengo deseos sexuales y qué…”.

Mente abierta no significa irse del hogar o independizarse a temprana edad; todo por el hecho de poder hacer lo que se quiera sin que los padres puedan estar corrigiéndoles. Mente abierta no significa infringir las leyes, irrespetar a los adultos, violar las normas o reglas. Si no existiese el castigo terrenal, este mundo estuviese más perdido o más loco. En tiempos remotos se analiza que a las personas malas no les iba muy bien.

Romper las reglas significa convertirse en: ladrón, violador, narcotraficante, etcétera. Que no venga alguien con la sugerencia que tener “mente abierta” es hacerse millonario fácilmente, dejar pasar las cosas, no importando si es dinero ilícito. A un narcotraficante no le va muy bien, veamos el caso de Pablo Escobar Gaviria.

La premisa de tener mentes cerradas, no se acopla a una sociedad que está alejada de la realidad. Es mucho mejor que la niñez y la juventud sepa lo que es malo, lo que es negativo. Los valores se aprenden en el hogar y, es desde ese lugar en donde se debe inculcar desde una perspectiva religiosa lo que son los valores.

El problema es que para algunos, lo bueno puede ser malo para otros; ejemplo, si alguien se tatúa o se coloca un piercing, para algunos es arte, para otros no es bien visto. En El Salvador, ya sabemos lo que se piensa de alguien tatuado. Por lo tanto, no se confunda mente abierta con libertinaje. Es mejor tener una perspectiva que el camino de rosas se puede llevar en la vida sin caer en errores o transculturizaciones. Ser distinto no significa salirse del esquema normal de vida.

Debemos tener  a una sociedad que se dirija en un camino recto y no tergiverse lo bueno que Dios nos ha brindado. Es necesario que se practiquen los valores en una sociedad convulsionada por los antivalores. No confundir el término mente abierta y evaluar en qué sociedad crecemos o nos desarrollamos física y mentalmente. Al final de toda esta convulsión, si alguien desea cambiar de actitud, las puertas del bien están abiertas.

“El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla de  algo valioso”. Gilbert K. Chesterton.

Fidel López Eguizábal
Docente investigador Universidad Francisco Gavidia
flopez@ufg.edu.sv

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