Evangelio 

Evangelio del día Viernes 25 de Noviembre

Viernes de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Santa Catalina de Alejandría.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 29-33.

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
“Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

El Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, que nosotros debemos preparar.

Después, también para el Reino llegará el momento de la manifestación de la fuerza, pero será sólo al final de los tiempos.

El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor.

Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia, hombres, mujeres, que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días.

Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días.

También cuando describe su venida en una manifestación de gloria y de poder, Jesús añade inmediatamente que antes es necesario que Él sufra mucho y sea rechazado por esta generación.

Lo que quiere decir que también el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida, la cruz del trabajo, de la familia, de llevar adelante bien las cosas, esta pequeña cruz cotidiana es parte del Reino de Dios.

Pidamos al Señor la gracia de cuidar el Reino de Dios que está dentro de nosotros con la oración, la adoración y el servicio de la caridad, silenciosamente. (Homilía en Santa Marta, 15 de noviembre de 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, gracias por aceptar la invitación de quedarte en mi vida y sanar mi corazón con tu perdón. Gracias por la alegría nueva con la que has colmado este corazón abatido de tantos problemas. Te doy gracias, Dios creador, por todas las bendiciones que generosamente has derramado en mi vida, especialmente por aquellas que me han fortalecido en medio de la crisis y dificultades.

Mi Dios, Tú me invitas a elevar una mirada de esperanza al Cielo y esperar confiado la hora de tu llegada, la llegada de esa liberación total de las ataduras del mundo y del sufrimiento para siempre. Quiero abandonarme a tu amor, transmitir al mundo tus valores y darles esperanzas a todos de que tu Reino está cerca, dentro de nosotros. Porque todas las cosas de este mundo pasaran, cielo y la tierra pasarán, pero tus palabras ¡jamás pasarán!

Creo en tu Palabra y me fío de ella, porque son palabras de vida eterna. Lejos de asustarme aquel día en que te reveles con gran poderío impartiendo tu justicia, me animas porque sé que se acerca el momento del encuentro contigo.

Tú eres el amigo que jamás defrauda, el amigo que echa fuera toda tristeza, el amigo que purificará mi corazón para amarle y alabarle junto con los ángeles del Cielo cuando te esté contemplado en la eternidad.

Sana de mi vida todo sentimiento de derrota. Háblame al corazón y dame la confianza que necesito para seguir creciendo la fe y la verdad. Que nada ni nadie pueda robarme la paz ni desviarme del verdadero camino que Tú me has señalado y que me llevará a la paz de tu Gloria celestial.

Propósito para hoy

Durante el día de hoy, buscar un pequeño espacio para la oración y decir: “Señor, yo creo. Aumenta mi fe”

Frase de reflexión:

“Una fe fuerte y saludable se alimenta constantemente de la Palabra de Dios”.
Papa Francisco

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