Evangelio 

Evangelio del día Lunes 07 de Noviembre

Lunes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario.

Santos del día: San Wilibordo de Utrecht, Beata Marthe Robin.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo”.
Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”.
El respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa

Hoy, el pasaje del Evangelio comienza así: «Los apóstoles le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”». Me parece que todos nosotros podemos hacer nuestra esta invocación.

También nosotros, como los Apóstoles, digamos al Señor Jesús: «Auméntanos la fe». Sí, Señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos así como es, para que Tú la hagas crecer.

[…] Y, ¿qué nos responde el Señor? Responde: «Si tuviesen fe como un granito de mostaza, dirían a ese árbol frondo: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y les obedecería. La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables.

¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles.

Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen, es más, como pide Jesús en el Evangelio, dicen: «Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien.

[…] …Cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio.

¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios… (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 6 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Mi Señor, quiero hacer tuya mi vida, ajustar todas mis metas y objetivos a tu voluntad y a tus designios de amor, para que hagas tu obra en mí y me ayudes a salir confiado asumiendo mis responsabilidades en tu proyecto de salvación. Tu mano sanadora es necesaria para que yo pueda salir adelante. Por ello, hoy te pido que me liberes de mis egoísmos y de esos sentimientos de inseguridad y de miedo que me hacen perder el horizonte de vida y aturden mi corazón.

Yo creo en Ti, Buen Señor, pero aumenta mi fe, quiero que sea firme como la roca y para mantenerla así, debo acercarme a Ti, abrirte mi corazón y tocar tus llagas con toda la confianza del mundo. No quiero una fe tambaleante que paralice mis sentidos y me haga clavar la duda a mi alma, llenándome de nuevo de angustias y desesperos. Quiero que seas para siempre mi escudo y mi roca, mi fortaleza firme y segura.

¡Aquí estoy Señor! dispuesto a tocar tan sólo tu manto para que renueves mi vida y desterrar de mí la tristeza y el dolor y aceptar la propuesta de felicidad que día a día me ofreces a través de los actos de bondad que me regalas. Dame una fe ardiente, una fe jovial y apasionada por tenerte siempre a mi lado, con la que aprenda a amar y ser paciente, que quede convencido que de Ti me vendrá todo aquello que me conviene para mi felicidad y mi salvación.

Ven Señor, necesito de Ti, permanece cerca de mí y guía mis acciones y pensamientos para avanzar en tu dirección. Toca mi corazón, toca mi mente, toca mis heridas y sánalas, para que siempre esté dispuesto a amar con entrega generosa. Confío en tu amor y en tu bendición. Amén

Propósito para hoy

Antes de comenzar el día y todas las actividades, pide a Dios: “Señor, aumente mi fe y que mi corazón sea manso y humilde como el tuyo”

Frase de reflexión del Papa Francisco:

“El Señor siempre nos perdona y nos acompaña. Es cuestión nuestra dejarnos perdonar y acompañar”. Papa Francisco

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