Evangelio 

Evangelio del día Domingo 13 de Noviembre

Trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario.

Santos del día: San Leandro de Sevilla, , San Estanislao de Kostka.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 5-19.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
“De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.
Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”.
Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”.
Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.”
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

En el trastorno final del mundo, la puesta en juego es más alta que el drama representado por las calamidades naturales.

Cuando Jesús habla de estas calamidades en otro pasaje nos dice que se producirá una profanación del templo, una profanación de la fe, del pueblo: que se producirá la abominación, se producirá la desolación de la abominación. ¿Qué significa eso? Será como el triunfo del príncipe de este mundo: la derrota de Dios. Parece que él, en aquel momento final de calamidades, parece que se adueñará de este mundo, será el amo del mundo.

He aquí el corazón de la prueba final: la profanación de la fe. Que, entre otras cosas, es muy evidente, dado lo que padece el profeta Daniel, echado en la fosa de los leones por haber adorado a Dios en lugar de al rey. Por tanto, la desolación de la abominación, tiene un nombre preciso, la prohibición de adoración.

No se puede hablar de religión, es una cosa privada, ¿no? De esto públicamente no se habla. Se quitan los signos religiosos. Se debe obedecer a las órdenes que vienen de los poderes mundanos.

Se pueden hacer tantas cosas, cosas bellas, pero no adorar a Dios. Prohibición de adoración. Éste es el centro de este fin. Y cuando llegue a la plenitud, al «kairós» de esta actitud pagana, cuando se cumpla este tiempo, entonces sí, vendrá Él: “Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria”.

Los cristianos que sufren tiempos de persecución, tiempos de prohibición de adoración son una profecía de lo que nos sucederá a todos.

Y sin embargo, en el momento en el que los tiempos de los paganos se habrán cumplido, será el momento de levantar la cabeza, porque estará cerca la victoria de Jesucristo.

No tengamos miedo, sólo Él nos pide fidelidad y paciencia. Fidelidad como Daniel, que ha sido fiel a su Dios y ha adorado a Dios hasta el final. Y paciencia, porque los cabellos de nuestra cabeza no caerán. Así lo ha prometido el Señor. (Homilía en Santa Marta, 28 de noviembre de 2013)

Oración de Sanación

Amado Padre, quiero entregarte hoy todos mis esfuerzos y esta vida ya gastada para que, con tu poder y tu amor sanador, fortalezcas mi espíritu de lucha y mi compromiso por hacer llegar tu compasión a todos

¿Qué va a ser de mí? ¿Cuál será mi futuro? ¿Cómo afrontaré los problemas y calamidades que la vida me depara? Las sombras y los males siempre estarán al mi alrededor; pero tu Palabra enciende luz de esperanza para mi vida. Tú disipas toda tiniebla con tu Palabra poderosa y me entregas promesas de amor que cautiva hasta el más rebelde de los corazones. Sales en mi defensa a la hora del peligro y das claridad a mis decisiones

Señor, sé que Tú me diriges tu Palabra y me haces sentir que no estoy sólo, que no me faltarán las fuerzas ni el ánimo para salir adelante. Me susurras a lo más íntimo de mi corazón, que no me deje invadir por la angustia ni el terror. Debo estar consciente de que mientras espero por tu manifestación gloriosa, sólo tiene valor tu advertencia: “¡estén preparados!” ¿Y cómo puedo hacerlo?: viviendo en tu gracia, en tu amor, en el desprendimiento y en la compasión.

Ayúdame, oh Señor, a imitarte en todas tus virtudes, a seguir por ese sendero de luz que dejaste a través de tu Iglesia, viviendo de acuerdo a tu bondad y a tu milagro de la reconciliación.

Si permanezco firme en la fe, no he de tener pánico, Tú nos has salvado con tu sangre y saldrás a nuestro encuentro para conducirnos al Padre alegremente. Ya no he de temer, tu justicia no es como la nuestra, tu justicia es de amor, tu Reino es de paz, ¿a quién temeré? ¿Quién podrá separarme de tu amor? Amén

Propósito para hoy

En la siguiente ocasión que alguien me invite a participar en alguna actividad de mi parroquia, me esforzaré, no sólo en aceptar, sino en donar mi tiempo ¡para servir! en todo lo que se pueda.

Frase de reflexión:

“A pesar de nuestros pecados, podemos repetir como Pedro: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Papa Francisco

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