Editorial 

El poder del ejemplo: ¡Católicos alegres!

¡Jesús nos quiere felices y alegres al anunciar su Palabra! Sin embargo, nos hemos acostumbrado a ir con caras tristes y serias a la Santa Misa. Pienso que por ello a los niños les aburre acudir los domingos a esta hermosa celebración. Se va con regaños, como si fuera acudir a una ceremonia que no lleva emoción alguna. ¡Qué distinto es el Evangelio, la Buena Nueva, que nuestro Señor nos predicó con sus palabras y su ejemplo!

La gran emoción de nuestra fe radica en que Jesús ha resucitado, y con ello, nos ha abierto de par en par las puertas de la vida eterna. Reflexiónalo unos momentos: un boleto de regreso a casa te ha sido obsequiado; ahora, tu responsabilidad es alejarte de lo que podría arrebatarte aquel boleto y sobre todo, compartir con los demás la alegría que es regresar al Padre. Imagina poder socorrer a aquellos que no sabían que tenían el boleto en sus manos; ganémosle más almas a Dios siendo ejemplo del Evangelio.

Detente un poco y recuerda tu rostro cuando acudes a Misa, cuando hablas de Dios a los demás, cuando rezas el Santo Rosario, cuando te presentas a una Hora Santa, cuando vas por la calle y te topas con otras personas. ¿Sonríes? ¿Sientes esa alegría en ti al saberte amado por el Altísimo? ¿O simplemente vagamos como personas sin rumbo? Yo no había comprendido la importancia de nuestra actitud como cristianos hasta que escuché a un converso llamado Hans, decir algo importante. Él había dicho que “por la alegría de un misionero y su paz al saberse amado por Dios”, quiso conocer a ese “Salvador” del que este hombre le hablaba, para sentir esa felicidad también. Hans era un joven cansado de vivir, que por una sonrisa, encontró de nuevo la alegría en el Señor. ¡No subestimemos lo que ser testimonios de la vida en Cristo puede hacer en los demás!

Sobre el tema, nuestro Papa Francisco comentó en el 2013, “el gran Pablo VI decía que no se puede llevar hacia delante el Evangelio con cristianos tristes, desalentados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿eh? Muchas veces los cristianos tienen más la cara de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios, ¿no?”. Cuán cierto. Creemos que ser católicos es andar con caras largas y seriedad, no hablar con quien se cruce en nuestro diario andar, pero es todo lo contrario.

Algo que te animo muchísimo a hacer es llevar el Santo Rosario contigo. Por ejemplo, yo suelo llevar el Rosario en mi bolsa siempre y un libro de los Santos Misterios. A donde quiera que vaya, saco ambos y voy rezando. En el metro, en el autobús, al caminar sola, al estar sentada en una banca o al esperar algo. ¿Quién se cansaría de decirle a su Santa Madre María que la ama? o más bien, ¿Te cansarías de escuchar que la Santísima Virgen te dice que te ama con gran dulzura? Experimentar esa gran relación de amor recíproco e incondicional, de hijo a Madre y de Madre a hijo, de Madre de Dios a hijos del Padre, es algo extraordinario ¡Y al alcance de todos!

Por ello, el Sumo Pontífice dijo que Santa María es el modelo de este gozo que se vive a raíz del Evangelio, “por ello la Iglesia la llama ‘causa de nuestra alegría’, Causa Nostrae Letitiae. ¿Por qué? Porque trae el gozo grande que es Jesús. De ahí la maravilla de hablar con Ella, de llevarla siempre presente. No me cansaré de aconsejarte que te consagres a su Inmaculado Corazón, que la invites a tu vida. El mismo Papa Francisco dijo, “un cristiano sin la Virgen está huérfano. También un cristiano sin Iglesia es un huérfano. Un cristiano necesita de estas dos mujeres, dos mujeres madres, dos mujeres vírgenes: La Iglesia y la Madre de Dios”.

¡Claro, la Iglesia es también muy importante! La Iglesia es un gran regalo que nos ha dejado nuestro Señor Jesús. Me llena de alegría el ejemplo de nuestro Papa Francisco, quien habla con tanta soltura y verdad. En una ocasión sobre el tema de la Iglesia comentó, “A veces oigo decir. ‘Yo creo en Dios pero no en la Iglesia…porque he oído que la Iglesia dice… que los curas dicen’. Pero una cosa son los curas y otra es que la Iglesia no está formada solo por los curas, la Iglesia somos todos. Y si dices que crees en Dios, pero no en la Iglesia, estás diciendo que no crees en ti mismo. Y eso es una contradicción…

…La Iglesia somos todos: desde el niño recién bautizado hasta los obispos y el Papa: todos somos Iglesia y todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos estamos llamados a colaborar en el nacimiento a la fe de nuevos cristianos, todos estamos llamados a ser educadores en la fe, a anunciar el Evangelio. Todos participamos de la maternidad de la Iglesia, todos somos Iglesia, para que la luz de Cristo llegue a los extremos confines de la tierra. ¡Viva la Santa Madre Iglesia!”.

Por supuesto que hoy existe una gran persecución directa y sin escrúpulos hacia nuestra Iglesia y hacia todos los cristianos, especialmente los católicos. Pero esto sólo afirma que es lo que ha sido siempre: Una, Santa, Católica y Apostólica. Al sufrir tribulaciones es una prueba evidente de que no es parte del mundo, pues éste ama lo que es suyo y detesta lo que no lo es. De manera que en tiempos difíciles, mi fe está puesta en las palabras de Jesús en Mateo 16:18 “Las fuerzas del infierno no prevalecerán sobre ella”.

Seamos testimonio de la alegría del Evangelio. Tal como los sacerdotes, las religiosas, los misioneros por el mundo, los seminaristas, los Obispos y Cardenales hasta el mismo Papa, quienes sonríen y se glorían en la Palabra que Dios nos ha dejado, y que también se hacen fuertes a través del verdadero alimento que es Jesús Eucaristía.

Razones hay muchas para sentirnos felices, plenos y listos para hablar con los demás de este gran tesoro. A eso estamos llamados constantemente por la viva voz de Jesús y María que nos siguen y nos cubren de gracias y protección. ¡Qué maravilloso sería que por nuestro ejemplo convirtiéramos a tantas personas necesitadas de amor, alegría y paz en sus vidas! Seres humanos que caminan por el mundo, sedientos de conocer la Verdad.

Y tú, que ya conoces esta joya, la cual te fue dada gratuitamente, ¿A quién la compartirás hoy?

Por Brenda Figueroa

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