Evangelio 

Evangelio del día Viernes 14 de Octubre

Viernes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Calixto I.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 1-7.

Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido.
Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más.
Yo les indicaré a quién deben temer: teman a quel que, despues de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

¿Qué hacen los hipócritas? Se maquillan, se maquillan de buenos: ponen cara de estampita, rezan mirando al cielo, se muestran, se consideran más justos que los demás, desprecian a los otros.

Algunos de ellos – dicen – “yo soy muy católico, porque mi tío ha sido un gran benefactor, mi familia es esta y yo soy… he aprendido… he conocido tal obispo, tal cardenal, tal padre… Yo soy…” Se consideran mejores que los demás.

Esta es la hipocresía. El Señor dice: “¡No, eso no!”. Nadie es justo por sí mismo. Todos tenemos la necesidad de ser justificados. Y el único que nos justifica es Jesucristo.

Por eso debemos acercarnos al Señor. Para no ser cristianos disfrazados, que cuando pasa esta apariencia, se ve la realidad, que no son cristianos. (Homilía en Santa Marta, 18 de marzo de 2014).

Oración de Sanación

Mi buen Jesús, sé que me quieres feliz, que me bendices y en todo momento me haces llegar tu amor de distintas maneras, a través de manifestaciones, detalles y gestos en los otros y en las acciones de mi vida misma. No hago más que dar gracias por todo lo que haces en mi vida y por todas las oportunidades que me brindas para ser feliz y hacer feliz a los míos, y es que mi corazón no puede contener la alegría de tenerte, adorarte y proclamarte.

Te suplico, Oh mi Dios, que me des la gracia a vivir mi fe de acuerdo a tus enseñanzas, porque a través de ellas creo firmemente que puedo encontrar salvación y consuelo, ya que sólo Tú das la certeza de vivir con tranquilidad y sin miedo. Ayúdame a tener un espíritu valiente y a no caer ante el enemigo malo, a confiar en tu Palabra y tus promesas que me alientan a mantenerme firme experimentando la paz y tranquilidad en el corazón.

Creo en tu fuerza que levanta, en tu fidelidad y en tu protección, es tu gracia que me aparta de los peligros. Por todo esto, confiado en tu Palabra, proclamaré siempre tu Nombre por los caminos que Tú me conduzcas. Guía corazón y mi mente con tu Espíritu Santo, esa presencia poderosa contenida en tus tres divinas personas que ilumina mi vida y me hace ser una persona decidida y valiente en la fe.

Dame la fuerza y tu poder para vencer los miedos y estar libre de angustias y la fe necesaria para no sucumbir en el momento de las pruebas. Te amo Señor, aunque camine por sendas oscuras, no vacilare ni temeré, porque tu fuerza y tu poder están conmigo y Tú me infundes confianza. Amén

Propósito para hoy

Presentarme hoy, y siempre, ante los demás como realmente soy, evitando cualquier tipo de hipocresía por insignificante que pueda parecer.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Con Dios nada se pierde, pero sin Él todo está perdido” (Papa Francisco)

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