Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 05 de Octubre

Miércoles de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beata María Teresa Kowalska.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 1-4.

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”.
Él les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Papa Francisco

Jesús nos da inmediatamente un consejo en la oración, a saber, “no derrochar palabras, no hacer rumor”, “el rumor de carácter mundano, los rumores de la vanidad“. Y advirtió que la “oración no es una cosa mágica, no se hace magia con la oración”.

Alguien me dice que cuando uno va a ver a un brujo éste le dice tantas palabras para curarlo. Pero ese es un pagano. A nosotros, Jesús nos enseña que no debemos ir a Él con tantas palabras, porque Él sabe todo. La primera palabra es “Padre”, ésta es la clave de la oración. Sin decir, sin sentir esta palabra no se puede rezar.

¿A quién rezo? ¿A Dios Omnipotente? Demasiado lejano. Ah, esto yo no lo siento. Ni siquiera Jesús lo sentía. ¿A quién rezo? ¿Al Dios cósmico? Un poco habitual, en estos días, ¿no?… rezar al Dios cósmico, ¿no? Esta modalidad politeísta que llega con esta cultura “Light”… ¡Tú debes rezar al Padre! Padre es una palabra fuerte. Tú debes rezar al que te ha generado, al que te ha dado la vida. No a todos: a todos es demasiado anónimo. A ti. A mí. Y también al que te acompaña en tu camino: al que conoce toda tu vida. Todo: aquel que es bueno, aquel que no es tan bueno. Conoce todo. Si nosotros no comenzamos la oración con esta palabra, no dicha por los labios, sino dicha de corazón, no podemos rezar en cristiano.

Padre es una palabra fuerte pero abre las puertas. En el momento del sacrificio Isaac se da cuenta de que algo no iba, porque faltaba la ovejita, pero se fía de su padre y su preocupación la dejó en el corazón de su padre. “Padre”, es la palabra que ha pensado decir aquel hijo que se fue con la herencia y después quería volver a su casa. Y aquel padre lo ve llegar y sale corriendo a su encuentro, se le tira al cuello, para caer sobre él con amor. Padre, he pecado: es ésta la clave de toda oración, sentirse amados por un Padre.

[…] Todos estos afanes, todas estas preocupaciones que nosotros podemos tener, dejémoselos al Padre: Él sabe de qué cosa tenemos necesidad

De este modo se explica el hecho de Jesús, después de habernos enseñado el Padrenuestro, subraye que sI nosotros no perdonamos a los demás, ni siquiera el Padre perdonará nuestras culpas. Es tan difícil perdonar a los demás, es verdaderamente difícil, porque nosotros siempre tenemos ese pesar dentro. Pensemos: “Me la hiciste, espera un poco… para volver a darle el favor que me había hecho”… No se pude rezar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón: no se puede rezar. Esto es difícil: sí, es difícil, no es fácil… Pero Jesús nos ha prometido al Espíritu Santo: es Él quien nos enseña, desde dentro, del corazón, como decir ‘Padre’ y como decir ‘nuestro’. Pidamos hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a decir ‘Padre’ y a decir ‘nuestro’, haciendo la paz con todos nuestros enemigos. (Homilía en Santa Marta, 08 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Señor de mi vida, el Gran Proveedor de cosas buenas, abro mi corazón y mi mente a tu acción santificadora y restauradora para dejarme impregnar de esa luz que viene de Ti y crecer con una esperanza firme. Ayúdame a creer en el Poder de tu Palabra y de tu amor, ese amor que me guía y disipa toma emoción oscura y de fragilidad, pues ante Ti me reconozco débil, inestable, sin fuerzas.

Ven Señor porque contigo soy un vencedor. Por tu sacrificio de amor me has purificado y convertido en uno de tus hijos, y eso me hacer seguirte siendo fiel ante los retos de la vida, por muy duros que sean. Ten compasión de mí, libera mi alma de la ceguera espiritual que no me permite amarte con todo mi corazón. Tú eres el Señor de todo, el Dios de la historia y de la vida, el que todo lo puede y todo lo ha dado por amor.

Confío en el poder de oración, en el poder de tu promesa: “llama y se te abrirá”, por eso, ruego a tu compasión con insistencia para que tu Gracia y tu Amor vengan a mí y hagan lo que Tú mejor creas conveniente.

Ven Señor no tardes, sane la dureza de mi alma, dame la capacidad ser insistente y nunca dejar de confiar en que Tú eres el gran proveedor que sabes dar cosas a todo aquel que te pide. Te pido perdón también por haberte fallado en otras ocasiones pensando que me dejarías abandonado en la necesidad.

Dame, Señor mío, un corazón como el tuyo, perdonador, amante, entregado, generoso, para así, yo también pueda acudir al clamor de mis hermanos. Amén.

Propósito para hoy:

Rezaré una decena del Santo Rosario por las intenciones del Papa y la Iglesia

Reflexionemos juntos esta frase:

“Hay mucha indiferencia ante el sufrimiento. Esta indiferencia debe ser contrastada con actos concretos de caridad”. (Papa Francisco)

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