Evangelio 

Evangelio del día Lunes 10 de Octubre

Lunes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Daniel Comboni.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Dios es nuestra fuerza. Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús: salen a su encuentro, se detienen a lo lejos y le dicen a gritos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Ellos Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad.

Aquí, llama la atención, sin embargo, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica: diez han dado gritos para alcanzar la curación y uno solo ha vuelto a dar gracias a Dios a gritos y reconocer que en Él está nuestra fuerza. Saber agradecer, dar gloria a Dios por lo que hace por nosotros.

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o sea, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo.

Si nosotros podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad hay en nuestro corazón! Todo es don suyo ¡Él es nuestra fuerza! ¡Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil!

¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras claves de la convivencia. “Permiso”, “disculpa”, “gracias”: si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. “Permiso”, “perdóname”, “gracias”. ¿Cuántas veces decimos “gracias” en familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? ¡Muchas veces damos todo por descontado! Y así hacemos también con Dios. Es fácil dirigirse al Señor para pedirle algo, pero ir a agradecerle: “Uy, no me dan ganas”. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 13 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Señor Jesús, abogado de mi corazón, hoy me levanto sólo para darte ¡gracias! por todas las cosas que me has dado, tanto las buenas como las no tan buenas, por todas mis alegrías y sufrimientos. Te doy gracias Señor, por todos mis triunfos y derrotas, por mi bienestar y por mis cruces de cada día. Dejo en este momento todas mis preocupaciones y te alabo desde el fondo de mi alma.

¡Gracias Señor, gracias! Tu Palabra sanadora es capaz de dar vida a todo aquel que desea seguirte y buscarte, aún en medio de las pruebas difíciles, porque tu Palabra es semilla que germina y hace humilde al corazón

Gracias Señor por las pruebas, porque con ellas fortaleces mi espíritu y escondes una bendición que me servirá en mi camino de vida. Ven y dame vida, Señor mío, dame de tu luz, dame alegría, dame de tu paz.

Gracias por todas las personas que has puesto en mi camino para enseñarme a vivir, amar, comprender y respetar. Tú eres mi defensor, mi escudo impenetrable, mi coraza fuerte, mi roca, mi refugio seguro

Gracias porque no me apartas de Ti por el sinfín de mis pecados. Gracias por darme la fuerza necesaria para construir mi vida al lado de las personas que amo y que quiero que se encaminen hacia Ti

Gracias porque sé, que en este momento, me tomas de la mano, me consuelas y me haces salir vencedor en todas mis batallas

Gracias por tu acción poderosa en mi vida y por mostrarme el verdadero camino del amor y el perdón para que nada vuelva a robarme la paz y la esperanza. Amén

Propósito para hoy

Toma un crucifijo y conversa con Jesús crucificado. Exprésale tu situación, dile una pequeña oración de petición y pídele que te ayude a sanar las heridas de tu corazón

Reflexionemos juntos esta frase:

“Ser amigos de Dios significa orar con sencillez, como un niño le habla a su padre” (Papa Francisco)

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