Evangelio 

Evangelio del día Jueves 27 de Octubre

Jueves de la trigésima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Gaudioso de Abitinia.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13, 31-35.

En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: “Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte”.
Él les respondió: “Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado.
Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!
Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

¡Dios es así con nosotros! “Pero, Padre, ¡Dios no llora!”. ¡Cómo no! Recordamos a Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén. “¡Jerusalén, Jerusalén! Cuántas veces he querido recoger a tus hijos, como la gallina recoge sus pollitos bajo las alas”.

¡Dios llora! ¡Jesús ha llorado por nosotros! Y aquel llanto de Jesús es precisamente la figura del llanto del Padre, que nos quiere a todos en torno a sí.

En los momentos difíciles, el Padre responde. Recordamos a Isaac, cuando va con Abraham a hacer el sacrificio: Isaac no era tonto, se dio cuenta que llevaban leña, el fuego, pero no la oveja para el sacrificio. ¡Tenía temor en el corazón! ¿Y qué cosa dice? “¡Padre!”. Y de inmediato: “¡Aquí estoy hijo!”. El Padre responde.

Así, Jesús, en el Huerto de los Olivos, dice con aquella angustia en el corazón: “Padre, si es posible, ¡aparta de mí este cáliz!”. Y los ángeles vinieron a darle fuerza.

Así es nuestro Dios, ¡es Padre! ¡Es un Padre!. Un Padre como aquel que espera al hijo prodigo que se ha ido con todo el dinero, con toda la herencia. Pero el padre lo esperaba todos los días y lo vio desde lejos. Ese es nuestro Dios! y nuestra paternidad – aquella de los padres de familia así como la paternidad espiritual de obispos y sacerdotes – debe ser como ésta.

El Padre tiene como una unción que viene del hijo: ¡no entenderse a sí mismo sin el hijo! Y por esto tiene necesidad del hijo: lo espera, lo ama, lo busca, lo perdona, lo quiere cercano a sí, tan cercano como la gallina quiere a sus pollitos.

[…] Pidamos al Espíritu Santo – porque sólo es Él, el Espíritu Santo – que nos enseñe a decir “¡Abba!, ¡Padre!”. ¡Es una gracia! Poder decir a Dios “¡Padre!” con el corazón, es una gracia del Espíritu Santo. ¡Pedirla a Él! (Homilía en Santa Marta, 04 de febrero de 2014)

Oración de Sanación

Señor mío, tu amor es fiel e incondicional, único e inacabable. Qué bueno es sentir tu amor cada día de mi vida, sentir ese amor de Padre que hace sentir a sus hijos seguros y confiados. Quiero amarte con pasión desbordada. Ayúdame a permanecer siempre cercano a Ti cumpliendo con fidelidad tus mandatos, permanecer bajo el calor de tu gracia y de tu bendición paternal

Señor, yo siento que me acompañas a donde quiera que voy. En toda circunstancia Tú te involucras haciéndome sentir protegido. Aún en mis momento más difíciles, allí estás Tú, asistiéndome y revelándome una enseñanza para mi crecimiento. Creo en el poder de tus Palabras y en todo lo que obras en mí por medio de las acciones de amor de los demás, por ello, confiado en tu Palabra, proclamaré siempre tus milagros a dondequiera que vaya.

Dame la gracia para poder expulsar de mi vida la vanidad y la soberbia y así poder crecer en el amor y en la piedad, sanándome de odios, resentimientos y rencores que permití que se anidaran en mi corazón. Quiero vivir en Ti, ser transformado por Ti. Deseo renovar mi deseo de seguirte y servirte, con respeto y obediencia, con temor y gratitud, luchando valientemente por alcanzar mi felicidad y la de los míos.

Ayúdame a nacer de nuevo en el Espíritu. Quiero hacer de mi vida la mejor oportunidad para adorarte. Te entrego mi corazón y todos mis proyectos. Ven y toma todo lo que tengo guardado, arranca toda angustia, dolor, heridas y sufrimientos y permíteme descansar tranquilo bajo la sombra de tu amor. Amén

Propósito para hoy

Hoy agradeceré, en una oración especial, los dones que Dios me ha regalado, y veré cómo puedo darles mejor uso

Reflexionemos juntos esta frase:

“Pido a todos los hombres de buena voluntad que se unan a mis oraciones por los cristianos iraquíes y por todas las comunidades perseguidas” (Papa Francisco)

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