Evangelio 

Evangelio del día Jueves 06 de Octubre

Jueves de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Bruno de Colonia.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 5-13.

Jesús dijo a sus discípulos:
“Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes,
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’,
y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Papa Francisco

No sé si quizás esto suena mal, pero,

la oración, rezar es un poco molestar a Dios para que nos escuche

. Pero, el Señor lo dice: como el amigo a medianoche, como la viuda al juez… Es atraer los ojos, atraer el corazón de Dios hacia nosotros… Y esto lo han hecho aquellos leprosos que una vez se le acercaron: “Si quieres, puedes sanarnos!”. Lo han hecho con una cierta seguridad. Así, Jesús nos enseña a rezar.

Cuando nosotros rezamos, a veces pensamos: “Pero, si, yo digo esta es mi necesidad, le digo al Señor una, dos, tres veces, pero no con tanta fuerza. Después me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo“. Éstos gritaban y no se cansaban de gritar. Jesús nos dice: “Pidan”, pero también nos dice: “Llamen a la puerta”, y quien llama a la puerta hace ruido, disturba, da fastidio”.

Insistencia hasta el límite del fastidio. Pero también una inquebrantable certidumbre. Los ciegos del Evangelio son aún un ejemplo. Se sienten seguros de pedir al Señor la salud, porque a la pregunta de Jesús si creen que Él pueda curarlos, ellos responden: “¡Sí, Señor, creemos, estamos seguros!”

Y la oración tiene estas dos actitudes: es necesaria y es segura. Oración necesaria siempre: la oración, cuando nosotros pedimos alguna cosa, es necesaria: “tengo esta necesidad, escúchame, Señor”. Pero también, cuando es verdadera, es segura: “¡Escúchame! Yo creo que tú puedes hacerlo porque tú lo has prometido”

[…] Pensemos si nuestra oración es necesaria y es segura: necesaria, porque decimos la verdad a nosotros mismos, y segura, porque creemos que el Señor puede hacer aquello que le pedimos (Homilía en Santa Marta, 06 de diciembre de 2013)

Oración de Sanación

Mi Señor, Tú eres quien da tranquilidad y serenidad a mi alma en todo momento. Levantas tu mano gentil y me ayudas a cruzar las barreras de lo imposible a través del poder de tu Espíritu y tu fuerza de vida. Te doy gracias por hacerme ver que debo estar atento a cada palabra que pronuncie. Necesito aprender que cada emoción tiene una consecuencia, por eso no quiero perder el control de mis emociones a través de las pruebas.

Mi Dios, Tú me aseguras que todo me lo puedes dar, que insista siempre y ruegue a tu amor generoso por todo aquello que necesito, pues tu Palabra es una promesa y lo que te pido con insistencia, en tu tiempo me lo concederás. Tus milagros no los realizas para satisfacer la curiosidad de los que no te han visto obrar, sino para ayudar en verdad a los sufren, a los afligidos, a los que llevan pesadas cargas y acuden confiados a Ti.

Ven, amado de mi alma, te pido que me ayudes, que vengas con tu divinidad y me concedas el don de la fe y la oración. Que por mi fe sanes mis dolencias. Que por mi oración insistente alejes de mí toda angustia y pesadez. Tú todo lo puedes, Tú todo lo sanas. Quiero vivir según tus valores, optar siempre por el bien. Crecer en esa oración en la que puedo acudir a Ti con humildad pidiendo tu compasión, insistiendo, rogando, llamando, implorando tu manifestación de poder en mi vida.

Oh mi Señor, ayuda a mi corazón a vivir esa fe ardiente que todo lo puede, que todo lo mueve. Una fe viva que hace que gires tu rostro hacia mí atendiendo mis súplicas. A tu Corazón puro dirijo mi oración esperando por tu amorosa acción. Confío en que ya me has escuchado y comienzas a derramar tu gracia sobre mí. Amén

Propósito para hoy:

Orar insistentemente al Señor para que conceda la paz a los cristianos que están siendo perseguidos y asesinados a causa de su fe.

Reflexionemos juntos esta frase:

“¡Cuánto me gustaría ver a todos con un trabajo decente! Es algo esencial a la dignidad humana”. (Papa Francisco)

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