Editorial 

Católicos y Política

Nuestra condición de cristianos no es de ninguna manera contrapuesta a nuestro deber como ciudadanos de participar en el quehacer político, por el contrario y en el caso puntual de quienes somos católicos, la participación en partidos, organizaciones y movimientos políticos es una exigencia de nuestra Fe altamente aprobada y promovida.

Desde los albores de la Iglesia Católica la participación en la vida política ha sido apreciada a tal punto que Santo Tomas Moro es nombrado Patrono de los Gobernantes y Políticos, sus escritos, enseñanzas y compromiso de vida hasta el martirio, debieran constituir parte preponderante en los estudios de cualquier feligrés.

S.S. el papa Pío XI proclamo en el año 1927 que la política, en cuanto atiende al interés de la entera sociedad, constituye “el campo de la más amplia caridad, la caridad política” y por encima del cual no cabe señalar otro que el de la misma religión [1].

Es tan importante el papel que desempeñan los laicos en la política que San Juan Pablo II  escribe en Christifideles laici: “Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido señalado de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”[2]

En nuestra América Latina las Conferencias Generales del Episcopado han señalado la dimensión social de la Evangelización y en consonancia con el Magisterio y la Doctrina han señalado la política como parte esencial del actuar del laico para la construcción de un mundo más humano.

S.S. Benedicto XVI delimita y orienta a la Iglesia desde el inicio mismo de la Conferencia de Medellín diciendo que: “Formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia” y añade que “los laicos católicos deben ser conscientes de su responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias”, lo cual se constituye en un apremiante llamado a actuar en la politica según nuestra Fe.

Gran parte de la culpa de los males que aquejan a nuestra sociedad radica en que muchos cristianos hemos dejado de lado la dimensión humana de nuestra fe y, al apartarnos de la participación en la política, hemos abierto los espacios para que el pecado que combatimos en lo privado se convierta en los males sociales que nos aquejan: violencia, corrupción, odio, resentimiento y envidia.

Como bien señala Don Sherman en su respuesta cuando cita a S.S. Francisco “Un buen católico debe involucrarse en política” ¿para qué? Preguntaran algunos y la respuesta es bien sencilla: Para defender, al menos, los Valores No Negociables de los Cristianos  “el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas”.

La ejemplar respuesta publica de Don Sherman Calvo a Paolo Luers, debe motivar en los salvadoreños que nos hacemos llamar cristianos una profunda reflexión que va mucho más allá de la controversia sobre el tema del aborto que algunos buscan usar mezquinamente para desviar la atención de los ciudadanos de los grandes problemas de El Salvador.

Dios nos ha de dar el valor para llevar la Buena Nueva a todos los campos de la sociedad y especialmente a la política desde donde sus efectos pueden verse amplificados a toda la nación. Sherman Calvo está marcado un camino que, por el bien de El Salvador, muchos debemos seguir.

Por Héctor Elías Menjívar 

[1] Discorsi di Pio XI, Ed. B. Bertetto, Torino 1960, t. I, p. 743.

[2] San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 42.

[3] S.S. Benedicto XVI, Discurso Inaugural  de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

[4] S.S. Benedicto XVI, Exhortacion Postsinodal Sacramentum Caritatis, n. 83

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