Opinión 

Paz, la única palabra que hoy suena en Colombia

Su viaje desde la ciudad colombiana de Medellín hasta Cartagena de Indias fue en autobús. Desde hace más de tres años se llama Paz Colombia Duque. Decidió cambiar su nombre a raíz de un sueño que parece hacerse realidad.

“Decidí llamarme Paz Colombia para colocar el tema sobre la gente. La gente no cree, pero uno tiene la cédula con los colores de Colombia (…)”, expresó este hombre veterano, vestido de blanco y con un sombrero colorido en alusión a su país, a El Tiempo de Bogotá.

Lo de Paz Colombia parece ser algo curioso y anecdótico, pero no es más que la confirmación de que hoy en Colombia solo tiene cabida la palabra paz.

Este 26 de setiembre, precisamente, representa un día histórico para Colombia y para América Latina, pues luego de más de 50 años se sellará el acuerdo final de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El escenario será la localidad de Cartagena de Indias, lugar que hace días se viene preparando para este acontecimiento.

Está previsto que asistan más de 2.500 invitados, entre ellos varios jefes de Estado como el cubano, Raúl Castro, (cuyo país fue sede de las negociaciones), además del rey Juan Carlos de España, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, entre otros.

También estará presente durante la firma del acuerdo el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, quien este domingo presidió en la catedral de Bogotá una liturgia en acción de gracias por la paz y hoy en la Iglesia de San Pedro en Cartagena de Indias celebra una oración por la reconciliación.

Otra de las invitadas de honor a la firma de este acuerdo es Comunidad de Sant’Egidio, famosa asociación pública de laicos promotora de encuentros de oración a nivel internacional por la paz.  La invitación surgió a raíz de su apoyo desde el principio a las negociaciones entre el gobierno y las FARC.

La ciudad de la paz

El lugar elegido para la firma del acuerdo de este lunes es más que significativo. Así lo hizo saber uno de los protagonistas de este proceso, el presidente Juan Manuel Santos.

“Decir también la Ciudad de la Paz, porque va a poder ser una ciudad donde se firmó tal vez el acuerdo más importante de la historia reciente de nuestro país”,expresó ni bien llegó este lunes, reproduce EFE.

Pero Santos reconoció en los días previos que la elección de esta ciudad para la firma también cobra relevancia por coincidir con la fiesta de san Pedro Claver, a quien calificó como “gran defensor de los derechos humanos”.

Justamente, la figura de este santo –jesuita de origen español que dedicó hace 400 años su vida a los esclavos que llegaban desde África a Cartagena de Indias- hoy cobra protagonismo.

Luces y sombras

El proceso de paz finalmente avanzó y hoy tendrá un capítulo más que importante, aunque se terminará de sellar definitivamente el próximo 2 de octubre con el plebiscito en el que el pueblo colombiano dará el veredicto final.

De todos modos, no es todo unanimidad y júbilo lo que se vive en la sociedad colombiana con respecto a este proceso.

Hay muchas voces que se oponen radicalmente a la negociación (incluso entre cristianos) que se llevó a cabo entre el gobierno y las FARC, principalmente desde el lado de las víctimas del largo conflicto armado, así como en torno al futuro de los guerrilleros, puntualmente de los cabecillas, quienes deberían cumplir -expresan los que se oponen- determinadas penas que no serán contempladas en este acuerdo.

El expresidente Álvaro Uribe es uno de los que encabezan la oposición al acuerdo que se sella este lunes. A través de una carta difundida de puño y letra señala, entre otras cosas, que “los textos de La Habana no garantizan la paz” a pesar de que sea algo querido por todos.

Para Uribe, el acuerdo es de “impunidad total, viola la Constitución y las normas internacionales”. 

Es por ello que el proceso tiene luces y sombras, pero eso no quita que todos los colombianos anhelen lo mismo.

Una iglesia neutral, pero no ajena  

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) tomó una postura de neutralidad ante lo que será el plebiscito del próximo 2 de octubre. No obstante, en la última reunión de la Asamblea Plenaria, los obispos dejaron claro que la construcción de la paz es“un reto que corresponde asumir a todos”.

“Esta oportunidad que se nos presenta nos exige un ideal común para el país, una visión clara de la nación en la que todos nos veamos identificados y comprometidos, para no perdernos en la dispersión de esfuerzos”, indican en el comunicado denominado Artesanos de la Paz, bienaventurados los que trabajan por la paz.

Esto demuestra que más allá de la declaración de neutralidad con respecto a un voto en conciencia e informado que debe tener la sociedad colombiana, la Iglesia en Colombia no es ajena al proceso y ya está pensando en los desafíos de futuro, un trabajo pastoral a largo plazo pensando en el posconflicto.

Paz Colombia, un hombre común y corriente dentro de la sociedad colombiana, tomó una decisión bastante osada y lleva este nombre en honor a tantos miles que sueñan que tantos años de guerra tengan punto final de una vez y para siempre.

El escenario está servido, solo resta que todos los protagonistas desempeñen su papel con responsabilidad y justicia a favor del bien común.

Por Pablo Cesio

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