Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 28 de Septiembre

Miércoles de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario.

Santos del día: San Wenceslao, San Simón de Rojas.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 57-62.

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: “¡Te seguiré adonde vayas!”.
Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
Y dijo a otro: “Sígueme”. El respondió: “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”.
Pero Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”.
Jesús le respondió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús no tiene hogar, porque su casa es la gente, somos nosotros, su misión es abrir a todos las puertas de Dios, ser la presencia amorosa de Dios.

[…] Seguir, acompañar a Cristo. Permanecer con Él, requiere un “salir”. Salir de sí mismos, de un modo de vivir la fe algo rutinario, de la tentación de ensimismarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el horizonte de la acción creadora de Dios.

Dios salió de sí mismo para venir en medio de nosotros, colocó su tienda entre nosotros para traer su misericordia que salva y da esperanza. También nosotros, si queremos seguirlo y permanecer con Él, no debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos “salir”, buscar con Él a la oveja perdida, a la más lejana.

Recuerden bien: salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús y Jesús salió de sí mismo para todos nosotros.

Alguien podría decirme: “Pero Padre no tengo tiempo, tengo muchas cosas que hacer, es difícil”, o “¿qué puedo hacer yo con mi poca fuerza, también con mi pecado, con tantas cosas?”. A menudo nos conformamos con algunas oraciones, con una misa dominical distraída e inconstante, con algún gesto de caridad, pero no tenemos esta valentía de “salir” para llevar a Cristo. (Audiencia general, 27 de marzo de 2013)

Oración de Sanación

Mi Señor, al despertar y tomar conciencia de tu presencia en mi vida, invoco tu poderosa fuerza para que me llenes de tu serenidad y paz para enfrentar todos los retos que hoy me tocará vivir. Te agradezco porque me has regalado tu libertad, me hacerme una persona libre para seguir tus caminos y superar las dificultades y obstáculos cuando voy de tu mano, porque junto a Ti todos mis miedos desaparecen.

Mi Dios, ser discípulo de tu amor, requiere desprendimiento, renuncia y seguimiento fiel. Por eso, en adelante, quiero vivir desprendido de todo, y aunque sé que soy débil, cuento con tu amor de Padre que no me deja abandonado a mi suerte. No quiero volver atrás y retomar lo que he dejado, pues en Ti he encontrado tesoros imposibles de describir, una felicidad indescriptible, un gozo inigualable que conforta el alma y la llena de dicha y prosperidad. Sé que seguirte tienes sus exigencias, pero más allá de eso, hay una gran recompensa: disfrutar de tu amistad, la amistad de un Dios enamorado que ilumina todo sendero y disipa toda tiniebla

Tú eres el Dios de la ternura, mi acompañante eterno, el Dios Padre y proveedor que siempre me espera en la reconciliación para estrecharme en sus brazos amorosos y fundirnos en un regocijo de amor. ¡Cuánto te amo mi Señor! Ayúdame a vivir ese desprendimiento para que, como hijo, pueda glorificarte en mis acciones y proyectos, en mis labios, en mi mente y mi corazón. Derrama tu gracia sobre mí y con la ayuda de los dones de tu Espíritu Santo, guíame por el camino de la verdad y la vida. Amén

Propósito para hoy:

Por amor a Cristo, hoy haré un pequeño acto de caridad a esas personas necesitadas que Dios ponga en mi camino

Reflexionemos juntos esta frase:

“Como el Buen Samaritano, no nos avergoncemos de tocar las heridas de los que sufren; más aún, tratemos de curarlas con obras concretas de amor”. (Papa Francisco)

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