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El CELAM busca caminos para combatir la migración forzada y la trata de personas

La trata de mujeres y su explotación sexual es uno de los negocios más lucrativos en la sociedad actual. Con más de treinta y dos mil millones de dólares por año, sólo es superado por el tráfico de drogas y de armas, haciendo cada día más negocio a costa de los treinta y seis millones de víctimas, la gran mayoría mujeres y menores, aunque a nadie se le escapa que estos tres tipos de crímenes están cada vez más interrelacionados.

Cada 23 de septiembre se celebra el “Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños”, una fecha que fue instaurada por la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, en enero de 1999.

Para ayudar a reflexionar sobre esta problemática, el Departamento de Justicia y Solidaridad, del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, ha organizado en Tegucigalpa, Honduras, de 14 a 17 de septiembre, el “Seminario Latinoamericano sobre Migración, Refugio y Trata de Personas”.

En el Seminario se han hecho presentes 22 países de América Latina y el Caribe, contando con la presencia de obispos y representantes de pastorales sociales, de la Movilidad humana, Cáritas, congregaciones religiosas y organismos que trabajan con migrantes, refugiados y victimas del tráfico de personas, entre ellos la Red Un Grito por la Vida.

Entre los objetivos del encuentro cabe destacar el propósito de realizar una denuncia profética que pueda dar a conocer las graves situaciones de violación de los derechos humanos a los que se ven sometidos millones de personas en el continente latinoamericano. Esta denuncia es un deber que nace de la Doctrina Social de la Iglesia, reforzada constantemente por el Papa Francisco, y que pretende concretarse en la creación de la Red CLAMOR Latinoamericana de Movilidad Humana y Refugio.

Siguiendo el método Ver-Juzgar-Actuar, tan presente en la realidad eclesial latinoamericana, los participantes han partido de situaciones concretas, en las que fueron relatadas duras experiencias, marcadas por todo tipo de violencia, que conducen a la deshumanización y dejan marcas profundas para toda la vida, una realidad que se acentúa todavía más en los países centroamericanos, donde la miseria extrema, el hambre y la violencia de grupos armados provoca la migración forzada de muchas familias.

Como Iglesia y como cristianos surge la necesidad de reaccionar ante estas problemáticas y, desde un renovado ardor misionero, defender la vida, sobre todo de quienes son víctimas de las nuevas esclavitudes a las que hoy se ve sometida la humanidad.

Por otro lado, como fue dado a conocer en el Seminario, ya existen diferentesexperiencias que pueden servir como referencia a la hora de trabajar con aquellos que son víctimas de la trata de personas, los migrantes y los refugiados.

Roselei Bertoldo, religiosa del Inmaculado Corazón de María, representante de la Red Un Grito por la Vida en Brasil, dio a conocer el trabajo que realizan en la Amazonia brasileña, en una labor que parte de la prevención, la capacitación de los diferentes líderes a nivel local y la atención a las víctimas de la trata de personas.

No podemos ser insensibles al sufrimiento de tantas personas, especialmente mujeres y menores, que salen de sus propias tierras en busca de mejores condiciones de vida y caen en las redes de estos criminales sin escrúpulos. Escuchemos el clamor de quienes vienen hasta nosotros para pedirnos socorro, seamos solidarios y defendamos los derechos de quienes sólo buscan reconstruir una vida herida por tanto sufrimiento.

Por Luis M. Modino, corresponsal de RD en Brasil

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