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Evangelio del día Viernes 19 de Agosto

Viernes de la vigésima semana del tiempo ordinario

Santo del día: San Juan Eudes.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22, 34-40. 
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús, citando el Libro del Deuteronomio, responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento».

Jesús habría podido detenerse aquí. En cambio Jesús agrega algo que no había sido preguntado por el doctor de la ley. De hecho dice: «El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Este segundo mandamiento tampoco lo inventa Jesús, sino que lo retoma del Libro del Levítico. Su novedad consiste justamente en el juntar estos dos mandamientos – el amor por Dios y el amor por el prójimo – revelando que son inseparables y complementarios, son las dos caras de una misma medalla.

No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios… En efecto, la señal visible que el cristiano puede mostrar para testimoniar el amor de Dios al mundo y a los demás, a su familia, es el amor por los hermanos.

El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está encima del elenco de los mandamientos. Jesús no lo coloca en el vértice, sino al centro, porque es el corazón desde el cual debe partir todo y hacia donde todo debe regresar y servir de referencia.

Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de ocuparse de las personas más débiles como el forastero, el huérfano, la viuda… A este punto, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, de piedad, del servicio a los hermanos, de aquellos hermanos concretos que encontramos.

No podemos dividir más la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la cercanía a su vida, especialmente a sus heridas. Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. Tú ¿cuánto amas?…

Jesús abre un claro que permite ver dos rostros: el rostro del Padre y aquel del hermano… Y deberiamos preguntarnos, cuando encontramos a uno de estos hermanos, si somos capaces de reconocer el rostro de Cristo en él: ¿somos capaces de esto?

[…] Jesús nos dona el Espíritu Santo, que nos permite amar a Dios y al prójimo como Él, con corazón libre y generoso. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 12 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, cierra todas las heridas que hay en mi corazón que no me dejan ser capaz de salir y servirte con pasión y entrega. Sólo Tú sabes cómo impulsarme a la tarea de darme a los demás con espíritu generoso. De ninguna manera es posible que yo diga que te ame sino demuestro este amor con el prójimo, con el necesitado, con el anciano abandonado, con aquel indigente que no tiene para comer ¡Me convertiría en un mentiroso si así lo hiciese! Tú me has enseñado que es amando a mis hermanos como puedo lograr amarte verdaderamente a Ti. No puedo separar la caridad hacia con el prójimo de la gracia santificante de tu amor. Dame, Dios mío, el don de tener ese amor generoso hacia los demás, quiero hacerlo por Ti y para Ti. Dame de tu fuerza para no dejarme vencer por las dificultades que me quieran trabar en esta misión. Abro mi corazón para que tus rayos de luz, provenientes de tus sagradas llagas, lo inunden con tu amor y lo recargues con la fuente inagotable de tu compasión, porque de este modo es que podré llevar vida a donde no la haya. Pasa tu mano sanadora sobre mí para que todo sentimiento de odio, ira, rencor y egoísmo sea desterrado de mi mente, corazón, alma y espíritu y poder recobrar la armonía entre mis proyectos y los tuyos. Líbrame de mis propias inseguridades. Que pueda ver mis propios errores para así corregirme bajo la Ley de tu Palabra y poder así caminar seguro y confiado. Todo te lo debo, por eso todo te lo entrego. Bendice mis planes, mi vida y mis acciones para que todo yo pueda irradiarte sólo a Ti. Amén

Propósito para hoy:

Ser especialmente generoso en la ofrenda de la próxima Santa Misa de la que participaré

Reflexionemos juntos esta frase:

“La Confirmación es importante para el cristiano; nos da fuerzas para defender la fe y anunciar el Evangelio con entusiasmo”. (Papa Francisco)

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