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Evangelio del día Viernes 05 de Agosto

Viernes de la decimoctava semana del tiempo ordinario

Santo del día: Beato Federico Janssoone.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 16, 24-28.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Papa Francisco:

Cristo nuestro Señor, Rey eterno, llama a cada uno de nosotros diciéndonos: «quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria»: ser conquistado por Cristo para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y toda nuestra fatiga; decir al Señor querer hacer todo para su mayor servicio y alabanza, imitarle en soportar también injurias, desprecio, pobreza.

[…] Dejarse conquistar por Cristo significa tender siempre hacia aquello que tenemos de frente, hacia la meta de Cristo y preguntarse con verdad y sinceridad: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? (cf. EE, 53).

En el Evangelio Jesús nos dice: «Quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará… Si uno se avergüenza de mí…» (Lc 9, 23-26). Y así sucesivamente… La invitación que hace Jesús es la de no avergonzarse nunca de Él, sino seguirle siempre con entrega total, fiándose y confiándose a Él. Pero contemplando a Jesús, como nos enseña san Ignacio en la Primera Semana, sobre todo contemplando al Cristo crucificado, sentimos ese sentimiento tan humano y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura; contemplamos la sabiduría de Cristo y nuestra ignorancia, su omnipotencia y nuestra debilidad, su justicia y nuestra iniquidad, su bondad y nuestra maldad.

Pedir la gracia de la vergüenza; vergüenza que me llega del continuo coloquio de misericordia con Él; vergüenza que nos hace sonrojar ante Jesucristo; vergüenza que nos pone en sintonía con el corazón de Cristo que se hizo pecado por mí; vergüenza que pone en armonía nuestro corazón en las lágrimas y nos acompaña en el seguimiento cotidiano de «mi Señor».

Y esto nos lleva siempre… a la humildad, a vivir esta gran virtud. Humildad que nos hace conscientes cada día de que no somos nosotros quienes construimos el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que actúa en nosotros; humildad que nos impulsa a ponernos por entero no a nuestro servicio o al de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuados, insuficientes, pero en los cuales hay un tesoro inmenso que llevamos y comunicamos. (Homilía en Santa Marta, 31 de julio de 2013)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, me despierto cada día confiado en tu poder que todo lo restaura y que rige todas mis acciones, pensamientos e ideas, para conducirme por caminos de vida guiando mis pasos con tu luz. Quiero suplicar a la poderosa fuerza de tu presencia para que abrigues y protejas a mi corazón de tantas penas y sufrimientos que mis cruces van causando en él, turbando además mi alma y llenándola de aflicciones y dolor. Qué difícil es tomar la cruz de cada día con alegría y seguir tus pasos, qué difícil cuando esa cruz es la de una enfermedad que no da tregua al cuerpo y lo llena de sufrimientos e incapacidades. Ayúdame, asísteme, ven en mi auxilio junto con toda tu corte celestial de ángeles y apártame de las malas decisiones que pueda tomar. Tú eres mi refugio para enfrentar cualquier momento difícil de mi vida. No permitas que me quede con sentimientos vacíos y con pensamientos de que no puedo cambiar de dirección, en cambio, dame tu gracia para sostenerme en medio de mis cruces, permanecer fuerte y no salir derrotado. Sana las heridas de mi corazón, heridas de dolor, de rencor, de ira y decepciones. Capacita mi alma con la sabiduría de tu Espíritu Santo para asumir mi vida y mis cruces con valentía sin tener la tentación de querer escapar. Ayúdame a comprender la belleza de tu cruz sanadora para así poder comprender la belleza de la mía. Ayúdame a que mis cruces y cargas pueda transformarlas en bendición, a través de una vida de oración, una vida vivida a través de los ojos de tu amor. Amén

Propósito de hoy:

Tomaré una breve pausa en algún momento del día y me alejaré un poco de todo para conversar con Dios sobre los problemas familiares que me tienen preocupado

Reflexionemos juntos esta frase:

“Las guerras destrozan muchas vidas. Pienso especialmente en los niños a los que les han robado su infancia”. (Papa Francisco)

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