Evangelio Home 

Evangelio del día Lunes 01 de Agosto

Lunes de la decimoctava semana del tiempo ordinario

Santos del día: San Alfonso María Ligorio

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 14,13-21.

 Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”.
Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”.
Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”.
“Tráiganmelos aquí”, les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Papa Francisco

En este milagro actúa el poder misericordioso de Dios, que cura todo mal del cuerpo y del espíritu. Pero Jesús no es un sanador, es también maestro: en efecto sube al monte y se si sienta… sabe bien lo que está por hacer, pone a la prueba a sus discípulos.

¿Qué hacer para dar de comer a toda aquella gente? Felipe, uno de los Doce, hace un rápido cálculo: organizando una colecta, se podrán recoger, al máximo, doscientos denarios para comprar el pan que, sin embargo, no alcanzaría para dar de comer a cinco mil personas.

Los discípulos razonan en términos de mercado, pero Jesús, a la lógica del comprar, sustituye aquella otra lógica, la lógica del dar. Las dos lógicas, ¿no? La del comprar y la del dar. Y he aquí que Andrés, otro de los Apóstoles, hermano de Simón Pedro, presenta a un muchacho que pone a disposición todo lo que tiene: cinco panes y dos pescados; pero ciertamente – dice Andrés – son nada para aquella gente

Pero Jesús esperaba precisamente esto. Ordena a los discípulos que hagan sentar a la gente, después tomó aquellos panes y aquellos pescados, dio gracias al Padre y los distribuyó. Estos gestos anticipan aquellos de la Última Cena, que dan al pan de Jesús su significado más verdadero.

El pan de Dios es Jesús mismo. Tomando la Comunión con Él, recibimos su vida en nosotros y llegamos a ser hijos del Padre celestial y hermanos entre nosotros. Tomando la Comunión nos encontramos con Jesús, realmente vivo y resucitado. Participar en la Eucaristía significa entrar en la lógica de Jesús, la lógica de la gratuidad, de la participación. Y por más pobres que seamos, todos podemos dar algo. “Tomar la Comunión” también significa tomar de Cristo la gracia que nos hace capaces de compartir con los demás lo que somos y lo que tenemos.

La multitud está sorprendida por el prodigio de la multiplicación de los panes; pero el don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento. Jesús sacia no sólo el hambre material, sino aquella más profunda, el hambre de sentido de la vida, el hambre de Dios.

Frente al sufrimiento, a la soledad, a la pobreza y a las dificultades de tanta gente, ¿qué podemos hacer nosotros? Lamentarse no resuelve nada, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos. Como aquel muchacho. Ciertamente tenemos alguna hora de tiempo, algún talento, alguna competencia… ¿Quién de nosotros no tiene sus “cinco panes y dos pescados”? Todos tenemos.

Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarán para que en el mundo haya un poco más de amor, de paz, de justicia y, sobre todo, de alegría. ¡Cuán necesaria es la alegría en el mundo! Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos. Gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 26 de julio de 2015)

Diálogo con Jesús

Señor mío, Tú me provees cada día con todo lo que necesito para alcanzar mi felicidad, no sólo del alimento físico, también del alimento espiritual que afina mis sentidos y eleva mi corazón en tu dirección. Clamo el auxilio de tu Espíritu Santo para que me ayude a comprender que sólo Tú eres pan de vida eterna, que comer y saciarme de tu Palabra es lo que me impulsará a dar buenos frutos y dejar el legado de tu amor. Sino estoy unido a Ti, de nada me valen los talentos. Sino hago las cosas por amor, de nada me valen los logros que pueda tener. Por eso, solicito tu bendición para que tu gracia genere cambios positivos en mi vida. Ven y derrama tu amor sobre mí, hazme sentir amado, valioso y que mediante el esfuerzo constante y tu ayuda, puedo enfrentar cualquier reto que la vida me presente y convertir así mis penas en alegrías. Tú eres el oxígeno en mis venas, la única fuerza viva sanadora que poco a poco va desintegrando mis vicios, mis frustraciones y heridas, calmando por completo las inquietudes de mi corazón. Dame el Pan de tu amor, el pan de tu salvación. Te entrego mis dones para que los fortalezcas y así pueda yo multiplicar tu obra de amor e impregnar a todos de tu poder y de tu bondad. Escucha mis súplicas, ven y repara mis fuerzas, compadécete de este pequeño servidor que está dispuesto a darlo todo para dar a conocer tu rostro amoroso. Dame la capacidad de sentirme realmente vivo y así, poder donar a los demás con amor, con espíritu generoso. Regálame un nuevo corazón. Amén.

Propósito para hoy:

Invitaré a dos o más personas para que me acompañen a una jornada de oración diaria por una semana, pidiendo por la salud de los que están enfermos.

Reflexionemos juntos esta frase:

“El Señor llama a la puerta de nuestro corazón. ¿Quizás hemos colocado un pequeño cartel que dice: “No molestar”?”. (Papa Francisco)

POST RELACIONADOS

Leave a Comment