Evangelio 

Evangelio del día Viernes 29 de Julio

Memoria de Santa Marta

Santo del día: Beato José de Calasanz Marqués.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 11, 19-27.

 Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.
Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”.
Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.
Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Nuestra resurrección está estrechamente ligada a la resurrección de Jesús; el hecho de que Él resucitó es la prueba de que existe la resurrección de los muertos. Quisiera presentar algunos aspectos que conciernen a la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra resurrección. ¡Él ha resucitado! Y porque Él ha resucitado, también nosotros resucitaremos.

En primer lugar, la propia Sagrada Escritura contiene un camino hacia la plena fe en la resurrección de los muertos. Ésta se expresa como la fe en Dios Creador de todo hombre – cuerpo y alma – y como fe en Dios liberador, el Dios fiel a la alianza con su pueblo. El profeta Ezequiel en una visión, contempla los sepulcros de los deportados que se vuelven a abrir y los huesos secos vuelven a la vida gracias a la infusión de un espíritu vivificante. Esta visión expresa la esperanza en la futura “resurrección de Israel “, es decir, en el renacimiento del pueblo derrotado y humillado. (cf. Ez 37,1-14).

Jesús en el Nuevo Testamento, lleva a cumplimiento esta revelación, y vincula la fe en la resurrección a su propia persona y dice: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25). De hecho, será el Señor Jesús quien resucitará el último día a los que han creído en Él. (Audiencia general, 04 de diciembre de 2013)

Lázaro había muerto desde hacía ya tres días cuando llegó Jesús, y a las hermanas Marta y María, Él les dijo las palabras que se imprimieron para siempre en la memoria de la comunidad cristiana, dice así Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.

Sobre esta la Palabra del Señor nosotros creemos que la vida de quién cree en Jesús y sigue su mandamiento, después de la muerte será transformada en una vida nueva, plena e inmortal. Como Jesús ha resucitado con su propio cuerpo, pero no ha vuelto a la vida terrena, así nosotros resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos espera junto al Padre, y la fuerza del Espíritu Santo, que lo ha resucitado a Él, resucitará también a quién está unido a Él. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 06 de abril de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, con un corazón humilde me presento ante Ti para agradecerte por tu presencia y pedirte que me cobijes bajo el amparo de tu misericordia, porque Tú no tomas en cuenta mis pecados y no desprecias un corazón arrepentido. Tú sabes lo que yo necesito para alcanzar la felicidad y la vida eterna, conoces a fondo mi corazón, allí también habitan las sombras espesas de mis vanidades y mis deseos mundanos por ir tras lo pasajero y terrenal. Te pido que les des claridad a mi vida, sencillez a mi espíritu y astucia a mi mente, para saber escoger las mejores opciones de vida, esas que sólo me llevan a tu experimentar tu amor y tu bondad. Quiero poner mi fe por encima de todo, para así, poder transmitir a otros tu alegría y tu misericordia, para que, junto a ellos, pueda yo también sentirme seguro y encaminado hacia la salvación. Confío en tu propuesta de eternidad, en que si creo verdaderamente en Ti, resucitaré a una vida alejada del sufrimiento y de las mortificaciones, porque sólo Tú eres el camino, la verdad y la vida. Sólo Tú, Señor mío, me regalas tan dulce amor, no me abandonas, sales siempre en mi defensa y me fortaleces, no me juzgas por mi apariencia sino que conoces lo profundo de mi corazón y me animas a salir adelante. Ven Señor mío, ven a mi vida y lléname de tus bendiciones para contar con la fuerza necesaria para seguir creciendo en tu dirección. Asísteme con tu mano poderosa y ayúdame a serte fiel en lo mucho y en lo poco, en mis tristezas y alegrías. Amén

Propósito para hoy:

Limitar hoy el tiempo que dedico a mi esparcimiento en la televisión, o en el internet, para dedicar más tiempo a mi oración personal.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Dejemos un puesto libre en la mesa: un puesto para el que carece de lo necesario, para el que se ha quedado solo”. (Papa Francisco)

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