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Evangelio del día Sábado 30 de Julio

Sábado de la decimoséptima semana del tiempo ordinario

Santo del día: San Pedro Crisólogo

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 14, 1-12. 
En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: “Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”.
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla”.
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: “Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Juan era el hombre que Dios había enviado para preparar el camino a su Hijo. Y Juan termina mal su vida, en la corte de Herodes que se encontraba en un banquete.

Cuando existe la corte es posible todo: la corrupción, los vicios, los crímenes. Las cortes favorecen estas cosas. ¿Qué cosa hizo Juan? Ante todo anunció al Señor. Anunció que el Salvador estaba cerca, el Señor, que el Reino de Dios estaba cerca y lo había hecho con fuerza. Y bautizaba. Exhortaba a todos a convertirse. Era un hombre fuerte. Y anunciaba a Jesucristo.

La primera gran cosa que hizo Juan fue anunciar a Jesucristo. Otra cosa que hizo, fue que ¡no se adueñó de su autoridad moral. Se le dio la posibilidad de decir «Yo soy el Mesías», porque tenía mucha autoridad moral, toda la gente iba a él… Le preguntan entonces si es él el Mesías. Y, en aquel momento de la tentación, de la vanidad podía hacer una cara de estampita y decir: “No lo sé…” con una falsa humildad. En cambio fue claro: “¡No! ¡Yo no lo soy! Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias”

Juan fue claro, no robó el título. No se adueñó de la misión. Esta, entonces, es la segunda cosa que lo ha hecho un hombre de verdad: “No robar la dignidad”.

La tercera cosa que hizo Juan, es imitar a Cristo… Juan, observó, imitó a Jesús, sobre todo en el camino del abajarse: Juan se humilló, se abajó hasta el fin, hasta la muerte.

Anunciador de Jesucristo, Juan no se adueñó de la profecía, él es el ícono de un discípulo… es el hombre que anuncia a Jesucristo, que no se pone en el lugar de Jesucristo y que sigue el camino de Jesucristo. (Homilía en Santa Marta, 07 de febrero de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor de mi vida, abro mi corazón y siento tu presencia poderosa que me anima y me impulsa a seguir tras mis sueños de ser feliz. Te suplico que me hagas comprender tu voluntad en mi vida. Quiero ser un luchador y tener sabiduría para entender tus acciones y poner en práctica tu Palabra. Dame una valentía y una fe inquebrantable para testimoniar tu amor por doquier. Que pueda en todo momento brindar esperanzas, irradiar tu luz y tu bondad y al mismo tiempo, enseñar tu verdad y tu justicia, sin importar que esto me valga el rechazo y la persecución. No deseo ir tras alabanzas personales, sino que quiero reflejarte a Ti en todo momento y hacer el bien a los demás. Que mi intención tenga siempre pureza de corazón y que mis acciones vivan enalteciendo tu Santo Nombre. Si mi deseo no está centrado en hacerme pequeño mientras te doy a conocer, entonces no puedo llamarme un discípulo tuyo, porque Tú eres grande, poderoso e invencible; en cambio yo, estoy plagado de errores y vanidades. Quiero aprender que, detrás de la aparente derrota que hay al difundir tu Amor y tu Palabra, hay una victoria que asegura el Reino de tus Cielos. ¿Quién como Tú, oh Señor de mi vida? Confío en tus promesas. No hay miedo, impedimento o amenaza que me haga retroceder ante la misión de profesarte a cada persona que pongas en mi camino. Seré valiente en las pruebas, aunque muchos en esta sociedad me aparten o me acusen de fanatismo, siempre permaneceré fiel a tu cruz y a tus pasos. Amén

Propósito para hoy:

Donaré algo de mi tiempo para ir a visitar a algún familiar enfermo o que se encuentre muy sólo en este tiempo.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Contemplemos la humildad del Hijo de Dios, que ha nacido pobre. Imitémosle compartiendo con los más débiles”. (Papa Francisco)

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