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Evangelio del día Miércoles 27 de Julio

Miércoles de la decimoséptima semana del tiempo ordinario

Santo del día: San Pantaleón de Nicodemia

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 44-46.

Jesús dijo a la multitud:
“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

[…] ¿Qué es el reino de los cielos? Jesús no se preocupa por explicarlo. Lo enuncia desde el comienzo de su Evangelio: «El reino de los cielos está cerca»…

[…] Las dos parábolas sobre las cuales queremos reflexionar nos hacen comprender que el reino de Dios se hace presente en la persona misma de Jesús. Él es el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Se comprende la alegría del campesino y del comerciante: ¡lo han encontrado! Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma la existencia y nos hace abiertos a las exigencias de los hermanos; una presencia que invita a acoger a cada una de las demás presencias, incluso la del extranjero y del inmigrante. Es una presencia acogedora, es una presencia alegre, es una presencia fecunda: así es el reino de Dios dentro de nosotros.

Ustedes podrían preguntarme: ¿Cómo se encuentra el reino de Dios? Cada uno de nosotros tiene un itinerario especial, cada uno de nosotros tiene su camino en la vida. Para alguno el encuentro con Jesús es algo esperado, deseado, buscado por largo tiempo, como nos lo muestra la parábola del comerciante que da vueltas por el mundo para encontrar algo de valor. Para otros ocurre de forma improvisa, casi por casualidad, como en la parábola del campesino. Esto nos recuerda que Dios se deja encontrar de una manera o de otra, porque es Él el primero que desea encontrarnos y el primero que busca encontrarnos: vino para ser el «Dios con nosotros».

Jesús está entre nosotros, Él está aquí hoy. Lo dijo Él: cuando se reúnen en mi nombre, yo estoy entre ustedes. El Señor está aquí, está con nosotros, está en medio de nosotros. Es Él quien nos busca, es Él quien se deja encontrar incluso por quien no lo busca. A veces Él se deja encontrar en sitios insólitos y en momentos inesperados.

Cuando encontramos a Jesús quedamos fascinados, conquistados, y es una alegría dejar nuestro acostumbrado modo de vivir, tal vez árido y apático, para abrazar el Evangelio, para dejarnos guiar por la lógica nueva del amor y del servicio humilde y desinteresado. La Palabra de Jesús, el Evangelio.

Les hago una pregunta, pero no quiero que me la respondan a mí: ¿cuántos de ustedes leen cada día un pasaje del Evangelio? Y cuántos de ustedes, tal vez, tienen prisa por acabar el trabajo con el fin de no perder la telenovela… Tener el Evangelio entre las manos, tener el Evangelio sobre la mesilla, tener el Evangelio en la cartera, tener el Evangelio en el bolsillo y abrirlo para leer la Palabra de Jesús: así viene el reino de Dios. El contacto con la Palabra de Jesús nos acerca al reino de Dios.

Piénsalo bien: un Evangelio pequeño siempre al alcance de la mano, se abre en un punto por casualidad y se lee lo que dice Jesús, y Jesús está allí.

¿Qué se puede hacer para poseer el reino de Dios?

Sobre este punto Jesús es muy explícito: no basta el entusiasmo, la alegría del descubrimiento. Es necesario anteponer la perla preciosa del reino a cualquier otro bien terreno; es necesario poner a Dios en el primer lugar de nuestra vida, preferirlo a todo. Dar el primado a Dios significa tener el valor de decir no al mal, no a la violencia, no a los atropellos, para vivir una vida de servicio a los demás y en favor de la legalidad y del bien común.

Cuando una persona descubre a Dios, el verdadero tesoro, abandona un estilo de vida egoísta y busca compartir con los demás la caridad que viene de Dios. (Homilía en la Plaza Carlos III, Caserrta, 26 de julio de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, te agradezco porque me has hecho libre, una persona libre para seguir tus caminos y superar mil dificultades y obstáculos cuando voy de tu mano. Gracias por cada sueño que he podido realizar. Ser discípulo de tu amor, requiere desprendimiento pleno, libertad y seguimiento verdadero de tus acciones y de tu Palabra, una Palabra que esconde el tesoro más valioso que jamás alguien haya podido poseer: la eternidad. Por eso, en adelante quiero vivir desprendido de todo, y aunque sé que soy débil, cuento con tu guía, con tu bendición, tu gracia y con tu amor de Padre que no me deja abandonado a mi suerte. No quiero volver atrás y retomar lo que he dejado, pues en Ti he hallado tesoros imposibles de describir, una felicidad indescriptible, un gozo inigualable que conforta el alma y la llena de dicha y prosperidad. Sé que seguirte tienes sus exigencias, pero más allá de eso, hay una gran recompensa: disfrutar de tu amistad, la amistad de un Dios enamorado, de un Dios que alumbra senderos y que calma toda tormenta. Bendito seas Dios Padre, mi Perla preciosa, mi Tesoro escondido, mi gran proveedor de cosas buenas que siempre esperas ser encontrado para fundirte en el corazón y alma del que te encuentra. ¡Cuánto te amo mi Dios, mi Señor! Ayúdame a mostrar siempre un rostro alegre para que muchos sepan que mi corazón está lleno de Ti y te busquen. Ayúdame ahora a vivir ese desprendimiento para que, como hijo, pueda yo glorificarte en mis actos, en mis proyectos, en mi mente y mi corazón. Amén

Propósito para hoy:

Limpiaré mi armario y revisaré todas mis posesiones ¿Tengo muchas cosas que ya no uso y están en perfecto estado? ¿Por qué no las dono?

Reflexionemos juntos esta frase:

“El Niño Jesús revela la ternura del inmenso amor con el que Dios nos rodea a cada uno”. (Papa Francisco)

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