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Evangelio del día Martes 12 de Julio

Martes de la decimoquinta semana del tiempo ordinario

Santos del día: Santos Fortunato y Hermágoras, Beato David Gunston, San Juan Jones, Beato Matías Araki , Beata Rosa de San Javier Tallien, San Clemente Ignacio Delgado Cebrián, Santa Inés Lê Thi Thành, San Pedro Khanh, Santa Verónica Calvario.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11, 20-24.

Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.
“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú”

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

El único deseo de Dios es salvar a la humanidad, pero el problema es que el hombre frecuentemente quiere dictar las reglas de la salvación. Es la paradoja dramática de tantas páginas de la Biblia que llega a su culmen en la vida terrenal de Cristo.

Si en Tiro y en Sidón se hubieran producido los prodigios que se produjeron entre ustedes – dice Jesús en Corazin y Betsaida – ya desde hace tiempo se habrían convertido”. En esta severa, pero también amarga comparación, está resumida toda la historia de la salvación.

Así como antes rechazaron y asesinaron a los profetas porque resultaban incómodos, ahora hacen lo mismo con Jesús. Es el drama de la resistencia a ser salvados, desatado por los jefes del pueblo.

Es precisamente la clase dirigente la que cierra las puertas al modo con el cual Dios quiere salvarnos. Y así se comprenden los diálogos fuertes de Jesús con la clase dirigente de su tiempo: pelean, lo ponen a prueba, le tienden trampas para ver si cae, porque se resisten a ser salvados.

Jesús les dice: “Ustedes son como aquellos niños: les hemos tocado la flauta y no han bailado; les hemos cantado un lamento y no han llorado. ¿Pero qué quieren?”; “¡Queremos hacer la salvación a nuestro modo!”. Es siempre esta cerrazón al modo de Dios.

[…] Nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo quiero ser salvado? ¿A modo mío? ¿A modo de una espiritualidad que es buena, que me hace bien, pero que es fija, tiene todo claro y no hay riesgo? ¿O según el modo divino, es decir por el camino de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas a ese misterio de la Omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón?.

¿Creo que Jesús es el Maestro que nos enseña la salvación, o voy por doquier a alquilar gurús, que me enseñen otra? ¿Me refugio bajo el techo de las prescripciones y de tantos mandamientos hechos por hombres?… ¿Yo me resisto a la salvación de Jesús?”. (Homilía en Santa Marta, 03 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Jesús mío, gracias por estar atento a mi vida. Tus palabras son fuerza que inspiran, me invitan a la conversión para que pueda yo estar equilibrado en tu amor y así gozar de las maravillas eternas de tu reino. Mi conversión debe ser una respuesta agradecida a tu sacrificio. Siento que en cada paso que doy, allí estás Tú, cercano, vivo y presente, colocando tu mano poderosa sobre mí para impulsarme y fortalecerme. Te doy gracias porque de cada situación difícil, Tú me muestras que allí hay presente una enseñanza que debo poner en práctica y debo convertir todas esas situaciones en beneficio para mi propio crecimiento. Nunca estaré seguro del día ni la hora en que me llames, por eso, debo estar vigilante y firme en mi deseo de seguirte, permitiendo que mi corazón se una estrechamente al tuyo. Sabes que te pertenezco, que te amo y quiero serte fiel, pero a veces, intentado hacer el bien que quiero, termino haciendo el mal que no debo. Por eso, dame fuerzas para no desfallecer. Quiero luchar por todo aquello que es verdaderamente importante y que eleva mi espíritu hacia la luz de tu Verdad y de tu Justicia, porque sin Ti, todo se oscurece. Ven y lléname de tu presencia. Ayúdame a crecer en la caridad, y así despojarme del hombre viejo y renunciar a todo aquello que me aleja de Ti. Quiero asemejarme más a Ti, entregarme a una fe ardiente que me impulse a llevarte a dónde aún no han sabido acogerte. Amén

Propósito para hoy:

Perdonaré sinceramente a aquellos que hoy me puedan causar alguna molestia o incomodidad, sin hacerles notar que me ofendieron.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Nos resulta difícil perdonar a los otros. Señor, concédenos tu misericordia para ser capaces de perdonar siempre” (Papa Francisco)

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