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Evangelio del día Jueves 28 de Julio

Jueves de la decimoséptima semana del tiempo ordinario

Santo del día: San Pedro Poveda

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 47-53.

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron.
Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Cuando pensamos en el regreso de Cristo y su juicio final, que revelará, hasta sus últimas consecuencias, lo que cada uno haya hecho o dejado de hacer durante su vida terrena, percibimos que estamos ante un misterio que nos supera, que ni siquiera podemos imaginar. Un misterio que despierta casi instintivamente en nosotros un sentimiento de temor, y quizás incluso trepidación. Sin embargo, si pensamos con atención acerca de este hecho, sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser una gran fuente de consuelo y confianza.

[…] Si pensamos en el juicio desde la prespectiva de la espera de Jesús, el miedo y la duda desaparecen y dejan espacio a la espera y a una profunda alegría: será el momento en que seremos juzgados finalmente, listos para ser revestidos con la gloria de Cristo, como con un vestido nupcial, y llevados al banquete, imagen de la comunión plena y definitiva con Dios.

[…] ¡Qué hermoso saber que en ese momento, además de Cristo, nuestro Paráclito, nuestro Abogado ante el Padre, podremos contar con la intercesión y buena voluntad de tantos de nuestros hermanos y hermanas que nos han precedido el camino de la fe, que han dado su vida por nosotros y que continúan amándonos de manera indescriptible!

El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito Hijo de Dios “( Jn 3:17-18 ). Esto significa que aquel juicio final ya está en marcha, que empieza ahora en el curso de nuestra existencia.

Este juicio se pronuncia en cada momento de la vida, como reflejo de nuestra aceptación con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o con nuestra incredulidad, con el consiguiente cierre en nosotros mismos. Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos los que nos condenamos. La salvación está en abrirse a Jesús, y Él nos salva; si somos pecadores -y todos lo somos- le pedimos perdón y si vamos a Él con el deseo de ser buenos, el Señor nos perdona.

Somos nosotros, pues, los que podemos llegar a ser, en cierto sentido, los jueces de nosotros mismos, auto condenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos. No nos cansemos, por lo tanto de velar por nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para gustar ya ahora con anticipo la calidez y la belleza del rostro de Dios – y esto va a ser hermoso – lo contemplaremos en la vida eterna en toda su plenitud. (Audiencia general, 11 de diciembre de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor Jesús, te agradezco en todo momento el don que me has dado para saber actuar en medio de tanto desconcierto y confusión en el mundo, pues es gracias a tu influencia que me hace capaz de actuar con decisión. En todo momento quiero llenarme de tu poder transformador que renueva a todos y todo cuanto has creado. Tu fuerza restauradora poco a poco va cincelando y modelando lo que Tú quieres que yo sea. Confío en tu Palabra, en tu misericordia y en tu perdón. Confío en que, en aquel día, vendrás como Juez justo y darás a cada uno según sus obras, según cómo han dirigido sus vidas en torno a tus mandatos. Por ello, hoy te pido que continúes trabajando dentro de mi ser, en mi corazón para que lo hagas tan dócil como el tuyo. Ven y habita siempre en él para no apartarme de tu bendición ni tus gracias. Quiero oír tu voz en los necesitados y sobre todo en aquellos que más les hace falta tu amor y tu reconciliación, porque sé que en cada uno de ellos estás Tú, esperando por mi atención y mi consuelo. No permitas que aquellas turbulentas emociones que a veces poseo, dominen mi alma y mis acciones. Cuento contigo, con tu ayuda fiel y con tu mano poderosa para seguir luchando con valentía por mi salvación. Te entrego mis situaciones y mis problemas para que me ayudes a sanarlos y saber vivir apegado a tu justicia y tu verdad. Confío en que Tú me sostienes y me ayudas a vencer todos los obstáculos para que en libertad pueda proclamarte como mi Rey y Señor. Amén

Propósito para hoy:

Ayunar de una de las comidas del día de hoy ofreciendo ese pequeño sacrificio por los enfermos y los ancianos

Reflexionemos juntos esta frase:

“Queridos jóvenes, Jesús quiere ser su amigo; y quiere que ustedes transmitan por doquier la alegría de esta amistad”. (Papa Francisco)

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