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Evangelio del día Domingo 31 de Julio

Decimooctavo domingo del tiempo ordinario

Santo del día: San Ignacio de Loyola

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21.

En aquel tiempo:
Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.
Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”.
Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Acumular es precisamente una cualidad del hombre, y que hacer las cosas y dominar el mundo también es una misión. Y ésta es la lucha de cada día: cómo administrar las riquezas de la tierra bien, para que estén orientadas al Cielo y se conviertan en riquezas del Cielo.

Hay una cosa que es verdadera, cuando el Señor bendice a una persona con las riquezas: lo hace administrador de aquellas riquezas para el bien común y para el bien de todos, no para el propio bien. Y no es fácil convertirse en un administrador honrado, porque existe siempre la tentación de la avidez, de ser importante. El mundo te enseña esto y nos lleva por este camino. Pensar en los demás, pensar que lo que yo tengo está al servicio de los demás y que nada de lo que tengo me lo podré llevar conmigo. Pero si yo uso lo que el Señor me ha dado para el bien común, como administrador, esto me santifica, me hará santo.

Nosotros oímos con frecuencia las tantas excusas de las personas que pasan la vida acumulando riquezas. Por nuestra parte todos los días debemos preguntarnos: «¿Dónde está tu tesoro? ¿En las riquezas o en esta administración, en este servicio para el bien común?»

¡Es difícil, es como jugar con el fuego! Tantos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra a ellos. Ese no es administrador: el administrador toma para sí de lo que sobre y, como servicio, da todo a los demás.

Administrar la riqueza es un despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación. Acumular sí, está bien; tesoros sí, está bien, pero aquellos que tienen precio – digámoslo así – en la «bolsa del Cielo». ¡Allí, acumular allí!. (Homilía en Santa Marta. 19 de junio de 2015)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, en este día quiero colocar todos mis pensamientos en orden y poner mi confianza sólo en Ti, ya que sólo Tú puedes ayudar a desprenderme de los bienes terrenos que son pasajeros, esos que van y vienen. Ven y dame hoy la voluntad para poder dominar mis pasiones y anhelos superficiales, que nada ni nadie, ni ninguna cosa fuera de Ti, logre dominar y encerrar mi corazón en el egoísmo. Quiero que seas Tú mi único Dios, el Dios verdadero, no el engañoso y tentador dios del dinero y de los bienes en abundancia. Sana mi corazón de esa idolatría de querer por tener, de poseer por “gozar”. Deseo que el Espíritu de generosidad viva en mí y haga sólido mi compromiso Contigo. Te encomiendo mis proyectos, a los míos y todos aquellos con los que voy a encontrarme y servirte. Dame la voluntad para cumplir tu Palabra, porque de Ti me viene la gracia para seguir buscando compromisos verdaderos que me lleven a la salvación y porque sé que contigo todo lo puedo superar. “Señor, no me des ni pobreza ni riqueza, dame lo necesario, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: “¿Quién es el Señor?”, o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios” (Prov 30,8-9) Todo lo que soy a Ti te lo debo, por eso, mis acciones las pongo en tus manos, te las entrego, confiando en que me ayudarás a sanearlas por medio de tu poder. Tú eres mi escudo, mi coraza protectora, mi guía, mi verdad, mi luz y mi mejor arma contra toda emoción egoísta que intente separarme de tu lado. Amén

Propósito para hoy

Ayunar del uso ocioso de mi celular y otros aparatos electrónicos para dedicar un tiempo adicional a la oración

Reflexionemos juntos esta frase:

“Ningún anciano debe estar “exiliado” de nuestra familia. Los ancianos son un tesoro para la sociedad”. (Papa Francisco)

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