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Evangelio del día Domingo 17 de Julio

Decimosexto domingo del tiempo ordinario

Santo del día: San León IV

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 38-42. 

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.
Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Marta pide casi en tono de reproche a Jesús para que su hermana la ayudara a servir, en lugar de permanecer parada escuchándolo, mientras que Jesús responde: “María ha escogido la mejor parte”. Y esta parte es aquella de la oración, aquella de la contemplación de Jesús.

A los ojos de su hermana estaba perdiendo el tiempo, también parecía tal vez un poco fantasiosa: mirar al Señor como si fuera una niña fascinada. Pero, ¿quién la quiere? El Señor: “Esta es la mejor parte”, porque María escuchaba al Señor y oraba con su corazón. Y el Señor un poco nos dice: “La primera tarea en la vida es esto: la oración”. Pero no la oración de palabra, como loros, sino la oración, el corazón: mirar al Señor, escuchar al Señor, pedir al Señor. Sabemos que la oración hace milagros.

[…] Y Marta… ¿Qué hacía? ¡No oraba!… la oración que es sólo una fórmula sin corazón, así como el pesimismo o la inclinación a la justicia sin perdón, son las tentaciones de las que el cristiano debe siempre resguardarse para llegar a elegir la mejor parte.

También nosotros cuando no oramos, lo que hacemos es cerrarle la puerta al Señor. Y no orar es esto: cerrar la puerta al Señor, para que Él no pueda hacer nada. En cambio, la oración, ante un problema, una situación difícil, a una calamidad es abrirle la puerta al Señor para que venga. Porque Él rehace las cosas, sabe arreglar las cosas, acomodar las cosas. Orar por esto: abrir la puerta al Señor, para que pueda hacer algo. ¡Pero si cerramos la puerta, el Señor no puede hacer nada! Pensemos en esta María que eligió la mejor parte y nos hace ver el camino, cómo se abre la puerta al Señor. (Homilía en Santa Marta, 08 de octubre de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor mío, te doy gracias porque en cada nuevo amanecer me ofreces la oportunidad de superarme sintiendo la fuerza de tu presencia que me invita a luchar para ser un vencedor. Regálame una fe que me lleve a poner en Ti toda mi confianza, sabiendo con total seguridad que Tú actuarás en el momento más necesario de mi vida protegiéndome de todo mal y peligro. Acudo a tu compasión, para que me llenes de tu paz que todo lo supera. Acaba con ese miedo que me perturba y no me deja avanzar. Hazme una persona valiente, decidida y segura. Tú tienes un gran y especial amor por cada uno de nosotros, por eso, ven y sana mi corazón con tu perdón y dame tu gracia para seguir avanzando y ser feliz sin perder la esperanza de conocer tu auxilio divino. Quiero que vengas y sondees las profundidades de mi alma, transforma mi vida en fuente de bendición para los demás y haz que brille mi corazón con las virtudes de tu Santo Espíritu. Todas mis fuerzas están en Ti. Confío en que me muestras tu voluntad y me ayudas a sobreponerme de toda caída y dificultad en la que me encuentre, sosteniéndome con tu amor y tu infinito poder. Eres mi escudo y estoy seguro de que tu amor y tu misericordia no se apartan de mi espíritu, porque Tú, Señor, siempre acudes a los que ponen en Ti su confianza. Que mi corazón pueda ser bueno y dócil, que no haya espacio para las injusticias ni los egoísmos. Dame un corazón compasivo como el tuyo, Señor mío. Amén

Propósito para hoy:

Ofreceré 1 Padre nuestro, 1 Ave María y 1 Gloria para que el Espíritu Santo infunda sabiduría en el Sínodo sobre la familia

Reflexionemos juntos esta frase:

“La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las ordinarias con amor y con fe”. (Papa Francisco)

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