Vida 

Cómo nuestra salud emocional puede ayudarnos a ser santos

La parábola del “Samaritano emocionalmente saludable”

En el Evangelio de Lucas escuchamos del “buen” Samaritano, esa alma amable que ayuda al hombre golpeado por los ladrones y casi entregado a la muerte al lado del camino. En fuerte contraste, el sacerdote y el Levita siguieron su camino, incluso cruzaron hacia el otro lado de la calle para evitar enfrentar la realidad.

Se nos ha dicho que este “buen” Samaritano fue “movido por la compasión” al ver a este hombre. Y así, el Samaritano realizó la acción que Jesús elogia.

Me parece que hay un lado de esta historia que es comúnmente ignorado. La enseñanza de los dos eminentes psiquiatras Católicos, Dr. Anna Terruwe y Dr. Conrad Baars nos ayudan a apreciar esta parábola bajo otra luz.

Con su trabajo firmemente basado en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, ellos explican que las emociones son motores psicológicos diseñados por Dios para movernos naturalmente hacia todo lo que es bueno, bello y verdadero y alejarnos de aquello que no lo es.

Naturalmente necesitamos nuestras consciencias propiamente formadaspara diferenciar lo que es bueno y lo que no lo es (no siempre está bien clara la diferencia y el pecado original siembra gran confusión aquí) pero en ocasiones lo “bueno”, como el venir en ayuda de alguien en gran necesidad, es universal y debería provocar respuestas emocionales de manera natural.

En esta historia, Jesús describe a los otros dos personajes que fallaron al responder como un sacerdote y un Levita, dos personas que no sólo deberían haberse visto movidos con compasión tal a como el Samaritano, sino que además podemos estar seguros que eran personas con conocimiento sobre lo que es el bien… los Diez Mandamientos y la regla de oro.

Creo que Jesús está tratando de demostrar algo acá. Lo que sabemos no nos llevará necesariamente a hacer lo correcto. Claro, gracias al libre albedrío podemos escoger entre hacer el bien o no pero, ¿pudiese ser que el problema de estos dos personajes fuese finalmente emocional?¿Por qué se describe al Samaritano como “movido por la compasión” y no se menciona nada parecido respecto al sacerdote y el Levita?

Debemos poder entender adecuadamente el cómo nuestras emociones fueron diseñadas por Dios para que trabajen sobre nuestra forma de actuar.

Contrario a la creencia popular y a la popularidad de la terapia cognitiva conductual, el intelecto y la voluntad no son supremos. Nuestros corazones lo son. La manera en la que pensamos es ciertamente importante, hasta crítico, pero la verdadera virtud consiste primordialmente, en las emociones. El entrenar únicamente nuestra voluntad puede que nos lleve a recorrer un camino contrario al desarrollo de la virtud auténtica y las terapias que sólo priorizan nuestros pensamientos frecuentemente se quedan cortas al tratar de afectar la verdadera y virtuosa sanación y al tratar de llevarnos, al fin, a tener una vida feliz.

Santo Tomás de Aquino distinguió entre dos conjuntos de emociones:

1.- El primero, el placer o emociones humanas nos mueve en nuestros corazones. Éstas incluyen: amor, deseo, alegría y odio, aversión y tristeza (y sus muchas variantes).

2.- El segundo, nuestras emociones utilitarias o útiles, nos mueven a la acción. Éstas incluyen: coraje y miedo, esperanza y desesperanza, y enojo.

Todas, por naturaleza, quieren y necesitan ser guiadas por la razón. Pero ésas que mueven nuestro corazón, las emociones humanas, son primarias. Están conectadas con la mente intuitiva, donde estamos íntimamente conectados a Dios. Si estas emociones no son libres, tendremos problemas para llevar vidas felices y virtuosas.

La salud emocional es realmente importante

Este punto es fundamental: la salud emocional importa. Importa mucho. Claro, la formación de la consciencia es crítica también, pero si no estamos en contacto con nuestras emociones humanas, si las estamos reprimiendo, no podemos guiarlas efectivamente con la razón y por lo tanto, nos veremos obstaculizados para hacer el bien.

Interesantemente, muchos pecados no son pecados de obra, sino que muchos pecados trágicos son pecados de omisión. La incapacidad de estar presentes frente al bien de otros o la represión de nuestras emociones humanas lleva a tristes consecuencias en una sociedad que está hambrienta de amor.

La necesidad de entender sólidamente la vida emocional es profunda y urgente si queremos llegar a construir una civilización de amor.

Por  Allison Ricciardi

POST RELACIONADOS

Leave a Comment