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Evangelio del día Sábado 25 de Junio

Sábado de la duodécima semana del tiempo ordinario

Santo del día: San Guillermo Vercelli.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8,5-17.

Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole”:
“Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”.
Jesús le dijo: “Yo mismo iré a curarlo”.
Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: ‘Ve’, él va, y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘Tienes que hacer esto’, él lo hace”.
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos”.
en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes”.
Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”. Y el sirviente se curó en ese mismo momento.
Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre.
Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.
Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

El Señor, en la palabra que hemos escuchado, se maravilló de este centurión: se maravilló de la fe que él tenía. Había emprendido un camino para encontrar al Señor, pero lo había hecho con fe. Por esto no solamente él ha encontrado al Señor, sino que ha sentido la alegría de ser encontrado por el Señor.

Este es precisamente el encuentro que queremos: ¡el encuentro de la fe!”.

Y más que ser nosotros los que encontramos al Señor, es importante dejarse encontrar por Él.

Cuando solamente somos nosotros los que encontramos al Señor, somos nosotros -entre comillas, digámoslo- los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él que entra dentro de nosotros, es Él que renueva todo, porque ésta es la venida, aquello que significa cuando viene Cristo: renovar todo, renovar el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino.

¡Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y principalmente para dejarnos encontrar por Él!

Tener un corazón abierto.

¡Un corazón abierto, para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiera decirme, que no siempre es aquello que yo quiero que me diga! Él es el Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como a una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno en la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es amor concreto! De persona a persona: El Señor, persona, me mira a mí, persona.

Dejarse encontrar por el Señor es justamente esto: ¡dejarse amar por el Señor!. (Homilía en Santa Marta, 02 de diciembre de 2013)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, quiero llegar a comprender ese inmenso amor con el que me amas y me perdonas. En tu Palabra siempre encuentro grandes lecciones de fe que me dejan admirado por tu grandeza y tu sencillez. Permite que este servidor, pueda ser un instrumento tuyo, para que los demás, y sobre todos los míos, experimenten esa bondad y gracia que tienes para cada uno de nosotros. Como aquel centurión que no pidió nada para sí mismo, sino que intercedió por su siervo, así también quiero interceder yo por aquellos que quiero y a quienes veo que sufren día a día aflicciones y penas. Dame Señor, firmeza y fe en mis acciones para mostrar a otros el rostro de tu amor, transformar sus vidas según tu misericordia y que se conviertan en fieles seguidores de tu mensaje de salvación. Dame la fuerza, Jesús mío, para ser un testigo de tus milagros, para hacerte presente en las situaciones de cada día. Si hay algo que puedo hacer siempre por los demás es orar, interceder por ellos. Tú muestras tu amor por los enfermos y desvalidos, los sanas y les das nuevas fuerzas. Así yo también te necesito para sanar mis heridas y para que me ayude a mantenerme firme en mis luchas. Confiado en esto, te pido por mi familia, sobre todo por aquellos integrantes que aún tienen ese corazón duro y no te aman lo suficiente como para acercarse a Ti. Sánalos de su dureza, ten compasión de mí que he sufrido insultos y rechazos de ellos por tratar de acercarlos a Ti. Amén

Propósito para hoy:

“Poner más atención a la lengua, en relación a lo que decimos de los demás. Es una pequeña penitencia pero da buenos resultados.”

Reflexionemos juntos esta frase:

“¡Señor, ten piedad! Muchas veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a nuestro lado”. (Papa Francisco)

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