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Evangelio del día 10 de Junio

Viernes de la décima semana del tiempo ordinario

Santo del día: Santo Ángel de Portugal.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco:

Los fariseos critican al Señor que comió con los pecadores. Y los publicanos eran doblemente pecadores, porque eran apegados al dinero y también traidores a la patria porque cobraban los impuestos a su pueblo por cuenta de los romanos. Jesús, entonces, ve a Mateo, el publicano, y lo mira con misericordia:

Y aquel hombre sentado a la mesa de recaudación de impuestos. En un primer momento Jesús lo ve y este hombre siente algo de nuevo, algo que no conocía – aquella mirada de Jesús sobre él – siente un estupor dentro, siente la invitación de Jesús: “¡Sígueme! ¡Sígueme!”. En aquel momento, este hombre está lleno de gozo, pero también duda un poco, porque es muy apegado al dinero. Sólo bastó un momento – que nosotros conocemos en la expresión del pintor Caravaggio: aquel hombre que miraba, pero que también con las manos, recogía el dinero – sólo un momento en el que Mateo dice si, deja todo y va con el Señor. Es el momento de la misericordia recibida y aceptada: “¡Sí, voy contigo!”. Es el primer momento del encuentro, una experiencia espiritual profunda.

Luego viene un segundo momento: la fiesta. El Señor festeja con los pecadores, se festeja la misericordia de Dios que cambia la vida.

Después de estos dos momentos, el estupor del encuentro y la fiesta, viene el trabajo cotidiano, anunciar el Evangelio. Se debe alimentar este trabajo con la memoria de aquel primer encuentro, de aquella fiesta. Y esto no es un momento, esto es un tiempo: hasta el final de la vida . La memoria. ¿Memoria de qué? ¡De aquellos hechos! ¡De aquel encuentro con Jesús que me ha cambiado la vida! ¡Que tuvo misericordia! Que ha sido tan bueno conmigo y que también me ha dicho: “¡Invita a tus amigos pecadores, para que hagan fiesta!”. Aquella memoria da fuerza a Mateo y a los demás para ir adelante. “¡El Señor me ha cambiado la vida! ¡He encontrado al Señor!”. (Homilía en Santa Marta, 5 de julio de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor de mi vida, tu palabra me anima y me conforta cuando afirmas que has venido a buscar a los débiles, enfermos y pecadores como yo. Los justos y los sanos parece que no te necesitan. ¡Yo sí! Tú pones tu confianza en las capacidades y en los talentos que Tú mismo depositaste en mi alma. Tú no tienes en cuenta la vida de pecado que he tenido, sino que, como a Mateo, me das una nueva oportunidad para renovarme, me lanzas tu mirada de amor invitándome a salir de toda oscuridad que tenía gobernada mis acciones. Tú eres de los que poco preguntan, pero mucho agradece, porque sabes bien que tu llamado generará los frutos de amor en amigos y familiares para, también a ellos, invitarlos al banquete de sinceridad. Mi Dios, mi Rey, mi Salvador, tu mirada y tus palabras me llenan de gozo y de esperanza, porque soy un pecador que ha arrancado de Ti un lazo de compasión. Sé que Tú nunca defraudas ni le fallas a quien confía su vida en Ti y en tus promesas, es por ello que te entrego todo de mí, ven y arranca mis miedos y déjame seguirte con amor y deseo para siempre. Cuento contigo para mi camino de conversión, que ha de ser esta Cuaresma, y que deseo que se prolongue durante toda mi vida. Te amo y confío en tu providencia. Amén

Propósito de hoy:

Rezaré y meditaré un misterio del Santo Rosario durante el día, por todos aquellos que están alejados de Jesús.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Basar la felicidad en los bienes materiales es la mejor manera de llegar a no ser feliz” (Papa Francisco)

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