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Evangelio del día Domingo 29 de Mayo

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Santos del día: San Felix Zaragoza,  Santa Úrsula Ledóchowska.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 11-17

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos.
Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”.
Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”.
Eran como cinco mil varones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”.
Así lo hicieron, y todos se sentaron.
Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, para que ellos los distribuyeran entre la gente.
Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la atiende, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con Él y sumergirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de un modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros buscamos seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe.

¿Cómo sigo a Jesús?

Preguntémonos: ¿cómo sigo yo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás.

Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que Jesús hace a los discípulos para que sacien ellos mismos a la multitud? Nace de dos elementos:

1.- De la multitud, que, siguiendo a Jesús, está a la intemperie, lejos de lugares habitados, mientras se hace tarde.

2.- De la preocupación de los discípulos, que piden a Jesús que despida a la muchedumbre para que se dirija a los lugares vecinos a hallar alimento y cobijo (cf. Lc 9, 12).

Ante la necesidad de la multitud, he aquí la solución de los discípulos: que cada uno se ocupe de sí mismo; ¡despedir a la muchedumbre! ¡Cuántas veces nosotros cristianos hemos tenido esta tentación! No nos hacemos cargo de las necesidades de los demás, despidiéndoles con un piadoso: “Que Dios te ayude”, o con un no tan piadoso: “Buena suerte”, y si no te veo más… Pero la solución de Jesús va en otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: “Dénles ustedes de comer”. Pero ¿cómo es posible que seamos nosotros quienes demos de comer a una multitud? “No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente”.

Jesús no se desanima: pide a los discípulos que hagan sentarse a la gente en comunidades de cincuenta personas, eleva los ojos al cielo, reza la bendición, parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan. Es un momento de profunda comunión: la multitud saciada por la palabra del Señor se nutre ahora por su pan de vida. Y todos se saciaron, apunta el Evangelista… (Homilía Solemnidad de Corpus Christi, 30 de mayo de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor de mi vida, tu Palabra me llena de luz y esperanza, y paz. Una Palabra que deja una gran promesa de amor, la cual, sólo a un Dios vivo y amoroso podría habérsele ocurrido algo tan alejado de todo entendimiento humano: comer tu cuerpo y beber tu sangre para tener vida eterna. Tu alimento es fuente de vida, es donación y salvación. Quiero sentirme vivo, entregarme a tu voluntad sagrada, ser un apasionado por la Eucaristía y sentir allí la presencia poderosa de tu corazón, un corazón amante de los que te aman y acuden a Ti. Comerte y beberte hace que profundice mi intimidad contigo. Me prometes una vida llena de felicidad y sobre todo llena de gozo por toda una eternidad, donde no existe el mal ni deseos desenfrenados que me separen de Ti ni de tu amor. Mi Jesús eucarístico, quiero salir cada día ansioso de ir al encuentro contigo, que más que una práctica u obligación, sea una necesidad para mi alma. Quiero sentir, pensar, hablar y amar como Tú lo haces, y eso sólo puedo hacerlo en comunión contigo, con el Padre y con el Espíritu Santo. Amén

Propósito para hoy:

Hoy pediré a Dios la gracia de ayudarme a eliminar de mi mente y corazón, todo rencor, todo dolor y toda ofensa recibida que esté afectando mi vida.

Reflexionemos juntos esta frase:

“No podemos ser discípulos a medias. La Iglesia necesita de nuestra valentía para que demos testimonio de la verdad”. (Papa Francisco)

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