Entrevistas 

Amadeo Rodríguez Magro: “La Iglesia es el trabajo de todos. No hay que personalizarlo tanto en la figura del obispo”

Amadeo Rodríguez Magro, obispo electo de Jaén -“y administrador apostólico de Plasencia, todavía”, subraya-, tomará posesión de su nueva sede el 28 de mayo. Es un obispo amable, sereno, con las ideas muy claras, y profundamente “franciscano”. Pero desde siempre. Defiende una Iglesia “con impronta misionera”, porque “no podemos dejar de mirar a nuestro alrededor”.

¿Cómo se vive el cambio de una diócesis a otra?

Tiene muchos momentos. Nosotros vivimos un poco al día. He vivido con mucha intensidad, por ejemplo, los días del secreto pontificio. Ese tiempo en que eres el único que lo sabe. Y se pasa con bastante tensión.

¿Cuánto tiempo es?

En esta ocasión han sido casi tres semanas. Pedí que se retrasara un poco porque tenía gestiones que hacer y estaba la Semana Santa de por medio.

Además del secreto, se vive con mucha intensidad interior. También lo he vivido con dolor, porque he sido muy bien acogido en la diócesis de Plasencia, y esto ha sido recíproco. Es una diócesis muy diversa. Como sabes, además de Plasencia, tiene Castilla, Badajoz y Cáceres. Y en Cáceres hay comarcas que son distintas. La ciudad es muy acogedora. Es ciudad episcopal. Y celebrar la misa crismal sabiendo que es la última, sin poder decirlo, resulta difícil. Incluso la viví con alguna lágrima.

Luego, también vas pensando en el futuro. En la que ya es tu diócesis aunque no has tomado posesión, pero has sido elegido. Y como ahora tenemos muchos medios modernos para pensar (antes recurrías a la enciclopedia), he estado buscando referencias en google.

Hasta puedes hacer rutas.

Sí, eso también lo he hecho.

Habrá visto las revueltas hasta llegar al santuario de Santa María de la Cabeza

Exacto. Que por cierto la celebraron el domingo y desde aquí mando un abrazo a todos los peregrinos que se acercan hasta allí.

No es un diócesis excesivamente grande pero también tiene distintas localidades y distintas formas de ser. Se dice que el jienense es el menos andaluz de los andaluces porque está muy cerca de Castilla. En esa frontera natural que es Sierra Morena, una tierra de trabajadores.

Eso me dicen. Me hablan de la reciedumbre del carácter, pero también de la capacidad de acogida. Y de la diversidad de sus zonas. Es verdad que es una provincia bastante uniforme y Jaén está en el centro. Pero realmente tiene zonas muy vivas y bellas.

Siempre que un obispo entra en una diócesis dice que va sin planes específicos. Primero a escuchar. ¿Siempre es así, o tiene alguna intuición de por donde van a ir los primeros pasos de su pontificado?

En principio, sé la edad que tengo.

¿Qué edad tiene?

Tengo 70 años y eso significa que mi episcopado en Jaén, muy largo no puede ser. Entre otras cosas porque a los 75 años tengo que presentar la renuncia. Con tan poco tiempo, tengo que vivirlo con mucha entrega y mucha intensidad. Sacar todas mis fuerzas y toda la juventud que todavía tengo acumulada en mi interior, para ponerlas a la disposición de la diócesis de Jaén. Y saber seleccionar. Como no tengo mucho tiempo por delante, ir a lo fundamental.

¿Qué es lo fundamental?

En este momento, lo fundamental para la Iglesia es que tenga una impronta misionera. Esto es evidente. No podemos dejar de mirar a nuestro alrededor. A los hombres y mujeres con los que vivimos. Y a la situación de lo que aparentemente hay. De la relación de la fe con la vida en concreto de mucha gente. Y hay bastante secularización.

Estoy seguro de que Jaén está en el mundo, está en Europa y está también en ese proceso. Y nosotros tenemos que evangelizar. Tener una actitud de salida, de anunciar a Jesucristo y el Evangelio. Como lo está haciendo el Papa. Y sabiendo transmitir la cercanía a la gente. Que se sienta apoyada y servida.

¿Se nota ese “estilo Francisco” en los obispos españoles. Esa sensación de que algo ha cambiado?

Yo creo que sí. Al menos puedo hablar por mí y por algunos de los que trato más de cerca.

Nada más leer la encíclica “Evangelii gaudium” hice un análisis de la publicación. Como sabes pertenezco al mundo de la pastoral, de la catequesis. Por vocación. Sentí confirmado lo que ya veníamos trabajando, sintiendo y haciendo en nuestras respectivas diócesis. Por tanto creo que se nota esa marca de estilo. Y también está marcando nuestra valoración de los modelos pastorales.

Este Papa es muy exigente con los obispos. Dicen que continuamente está poniendo énfasis en la responsabilidad que tienen como pastores no solo de los sacerdotes, sino de toda la comunidad, para trabajar en esa alegría del Evangelio. En esa presencia y actitud de estar.

Sí, lo es y creo que debe ser así. De todas formas hay que pensar que el Papa es el obispo de Roma, sucesor de Pedro para toda la Iglesia y, por lo tanto, tiene una visión de toda la Iglesia. Y los obispos españoles en la medida que podemos, y que queremos también, estamos asumiendo su estilo. Y nos estamos sintiendo llamados en nuestro ministerio a tener ese perfume que él quiere para nosotros.
Yo tengo un libro, que no está publicado en español, solamente en Italiano, que se llama “El perfume del apóstol”. El Papa se lo regaló a todos los obispos que estuvieron en el sínodo. Es un libro hecho para diseñar de la actitud espiritual y pastoral que tiene que tener el obispo hoy, de proximidad y de cercanía.

¿Les está costando a los obispos españoles ponerse al día de ese estilo Francisco? Porque desde fuera se les acusaba de ser una Iglesia más dura y centrada en trifulcas con el poder político. Con demasiada preponderancia en algunos temas concretos.

Yo creo que vosotros, los periodistas, tenéis una visión de las cosas. Vuestro centro de atención son las grandes instituciones. En este caso, la gran institución en España es la Conferencia Episcopal.

Es complicado explicar al público que la Conferencia Episcopal no funciona como un gobierno o un partido político. La voz de la Iglesia española en este momento es Ricardo Blázquez, Gil Tamayo, etc.

Exacto. Creo que hay una imagen irreal de lo que es la Iglesia en España o en cualquier país, cuando todo se focaliza en una institución como es la Conferencia Episcopal. Es verdad que la Conferencia tiene un funcionamiento, una portavocía, y que reacciona. Pero no siempre pesamos lo mismo ante esa reacción, ni tenemos que pensarlo. Aunque esa sea una voz común que nosotros hemos elegido y normalmente apoyamos el discurso del presidente y sus declaraciones, esa no es la Iglesia de España. La Iglesia de España, es la Iglesia que día a día camina con la gente en cada una de sus diócesis. Y esa, no se conoce. Lo digo sinceramente.

Yo, por ejemplo, he sido vicario durante muchos años de un obispo que se movía muchísimo, Don Antonio Montero. El gran periodista que se pateaba la diócesis. Un hombre sencillo y cercano. Profundamente bueno y piadoso. Un gran pastor. Normalmente son todos así. Nunca un obispo ha tenido la vida tan complicada como la tenemos nosotros ahora: es estar dedicados al ministerio las 24 horas del día.

Estamos e un momento político y social en el que el obispo ya no es la figura que era hace 40 o 50 años por la situación política en España.

Ni lo pretendemos.

Pero es verdad que esa imagen que algunos tienen de la Iglesia y que no contribuimos a erradicar, no es la mejor.

Ha habido momentos de tensiones y polémicas. Y cuando te levantabas y estabas desayunando escuchando la radio, decías: “¿Dios mío, qué he dicho yo hoy?” Y eso puede repercutir. En cuanto salías a la calle, ya había alguien que te increpaba.

La Iglesia es el trabajo cotidiano de todos. No hay que personalizarlo tanto en la figura del obispo. El obispo es el animador, el pastor, otras veces padre, otras amigo…, que está con la gente. Yo siempre digo que lo que haya hecho, no lo he podido hacer solo. Lo que pueda hacer como obispo es a través de la labor que hacen las comunidades cristianas, con las comunidades religiosas si las hay y con los cristianos más comprometidos. Esa es la Iglesia y su presencia. Y yo, lo que procuraré es que tengamos todos un horizonte común. Procurar que esta comunidad, esta Iglesia misionera, sepa estar abierta a todo aquél que acuda a ella. Siempre en actitud de servicio. Sin exclusiones. En la medida que se pueda, claro.

Hay una cosa que digo mucho a los sacerdotes en el despacho pastoral. A veces se producen tensiones entre lo que te van a pedir y lo que tú puedes dar. Porque lo que te van a pedir es lo que te van a exigir. Y a veces es inadecuado, no lo puedes dar. También hay que educar la demanda. Y esto se hace con diálogo y cariño, dedicando tiempo a saber estar con las personas.

¿Cuáles son los grandes problemas que cree que tiene que afrontar la Iglesia española hoy, de cara a ese acercamiento con la sociedad? Esa sociedad que a veces no entiende determinadas actitudes.

Siempre en estas dos dimensiones: la de las grandes declaraciones y los grandes principios. Y la del día a día, que es la yo represento más. La de estar con la gente.

Creo que lo que hay que hacer realmente, es que tengamos comunidades cristianas vivas con cristianos cada vez más formados. Más comprometidos e implicados en la vida de la Iglesia. Una Iglesia española en la que haya laicos. Que tengan confianza en su conciencia de pertenencia a la Iglesia, porque realmente la Iglesia les pide responsabilidades de cara a la acción pastoral. La misión en el mundo que tiene la Iglesia es misión de todo seglar. Hay que romper el mito de que una Iglesia funciona mejor en función de cómo sea el obispo. Tendrá su influencia, pero también la tiene el presbiterio diocesano, que esté muy unido a su obispo. Y sobretodo, que tengan una actitud abierta siempre para formar comunidad.

La parábola de los talentos: que todos tenemos la obligación de aportarlos y hacerlos crecer.

Exacto.

No le quiero quitar más tiempo porque sé que están reunidos en asamblea plenaria. ¿Qué le pareció el discurso de Don Ricardo?

Bien. Sus discursos son sólidos. Que es precisamente lo que hay que pedir que sea un presidente. Y don Ricardo lo es.

Los temas estaban bien elegidos. El primer tema tenía referirse a Amoris laetitia. Es el documento estrella, y además es el gran tema.

El tema de la familia.

También en este momento, es el reto. Si no hay familia habrá una degeneración en todos los sentidos. Social y también eclesial. Creará problemas a todos.
Fundamentalmente a la identidad de la persona y a su dignidad. Es necesario tener un ámbito de protección y de amor. Está muy bien elegido el tema y lo que tenemos que hacer todos ahora es acogerlo y trabajar en ello.

Es evidente que en este momento la familia representa un gran problema social pero también un gran problema eclesial pastoral. Es importante además, el tono y el estilo con el que nosotros vamos a las familias. Esto ya hace tempo que se lo vengo diciendo a mis sacerdotes, que son los están en contacto día a día con estas familias, que son muy diversas. Debemos proponerles un estilo de vida que nosotros pensamos que es el adecuado y que nace de nuestras convicciones cristianas y evangélicas.

Luego, creo que trató bastante bien y con mucha sinceridad, el tema de la Conferencia Episcopal española. El juicio que hizo de ella.

Fue una autocrítica bastante sincera y muy interesante.

Y en el último tema, la relación con la sociedad, también mantuvo el equilibrio necesario. Ya sabes que en esto hay división de opiniones sobre lo que tiene que hacer un obispo y sobre la propia Conferencia.

¿Tienen opciones partidarias?

Nosotros somos ciudadanos. Tomamos nuestras propias opciones y tenemos nuestra visión de la realidad. Pero pienso que no es bueno que entremos en el juego político que en este momento se está dando.

Hablando del tema: ante la constatación de que nuestros líderes no se ponen de acuerdo, que parece ser lo que pedíamos, ¿sería bueno que hubiera nuevas elecciones?

Me cuesta valorar qué es mejor y qué es peor. Pienso por ejemplo que un mal acuerdo no es buena opción. Porque es la buena gobernabilidad lo que hay que procurar.
Sí me atrevería, ya que al fin y al cabo soy un ciudadano, a dar mi opinión: le pediría a los grupos políticos que comprendan que lo que está en juego no son ellos ni su futuro político. Es la estabilidad de este Estado. Y el bienestar de la sociedad. Porque ya sabemos cuando se rompe, contra quién lo hace: contra los más pobres.
Creo que estos planteamientos tendrían que estar por encima de los propios intereses.

Pues no sé si el 28 de mayo, que es cuando usted toma posesión, habrá o no habrá gobierno. En todo caso, desde aquí le deseamos una buena andadura. Felicidades por su nombramiento y mucha suerte, don Amadeo.

A ustedes.

Por Jesús Bastante / Religión Digital

POST RELACIONADOS

Leave a Comment