Aborto 

Un dolor prohibido

El amor entre una madre y un hijo es una gracia natural única en los seres humanos. Romper este lazo, con un aborto, deja una herida profunda en la mujer que desestabiliza su armonía emocional.

Este sentimiento, que desgarra el alma, con el paso del tiempo, se hace cada vez más vivo, cada vez más presente, ya que el aborto es un acto contra el instinto natural de ser madre.

Para las millones de mujeres que han caído en esta trampa mortal, es evidente la necesidad de evitar y negar esa experiencia, considerando el intenso dolor y confusión que sintieron después de esa intervención, que se suponía haría mejores sus vidas. Lamentablemente, la mayoría de culturas no están preparadas para hacerle frente a este sufrimiento llamado síndrome post-aborto (SPA), o admitir que una mujer esté atormentada por algo que la misma sociedad le ha procurado, ocasionando que su sanación se haga aún más difícil.

Síndrome post-aborto viene de síndrome post-Vietnam, ya que los soldados que volvían de Vietnam traían esa guerra en sus entrañas atormentándolos el resto de sus vidas. Así sufren síntomas similares las mujeres que abortan, la misma angustia, la misma desesperación, culpabilidad, insomnio, aislamiento, pesadillas recurrentes, alcoholismo, depresión, psicosis… y hasta suicidio. El estudio más completo sobre SPA data de 1997 y fue financiado por el Gobierno de Finlandia, constata que la tasa de suicidio en el año posterior al aborto era 3 veces más alta que la media femenina y 7 veces más alta que la de las mujeres que habían dado a luz.

La psicóloga y fundadora de “El Viñedo de Raquel” (El ministerio mundial más grande para sanar el SPA) contaba que había tratado muchas cuestiones emocionales pero que nunca ha visto un tema que cree tanta hostilidad, miedo y dolor como el aborto. Nos dice: “Me di cuenta de que sus emociones acerca de sus abortos eran tan fuertes, que al no poderlas expresar, eran el factor clave en el tratamiento de los trastornos alimenticios y otras ansiedades. En este sentido, un trastorno o vicio puede servir para distraer a una persona de los problemas que él o ella no quieren afrontar”.

Señala el Dr. Ernesto Beruti (especialista en clínica obstétrica en Argentina): “Inmediatamente después de hacerse un aborto, muchas se ponen a llorar inconsolablemente, sienten una pérdida profunda y saben que algo horrible acaba de pasar. Ante esta tragedia siempre hay dos víctimas, el niño por nacer, que pierde el derecho más importante que tenemos todos los seres humanos: el derecho a la vida y la segunda es la mujer, que muchas veces por presión del entorno, del marido o la familia, luego padece el SPA, un calvario que le destroza el alma y la acompaña el resto de su vida” y añadía: “Hay que ayudar, aliviar, acompañar y no juzgar, con un concepto de total comprensión a esas pobres mujeres que han tenido la desgracia de haber abortado”.

Cito unos testimonios del folleto: ¿Cuál es la causa de mi dolor? (Fundación Wisconsin Right to Life Education, EUA): “Me dijeron que esa era la mejor decisión. Pero no me hablaron sobre el vacío emocional y físico que iba a sentir y que me destruiría para siempre. ¿Qué puedo hacer con el dolor que siento? -Nereida Ortiz. “Físicamente no tuve problemas con mi aborto, pero emocionalmente viví un infierno que continúa conmigo diariamente” -Terri Fangman. Y termino con una frase que dijo John C. Willke: “Es más fácil sacar al niño del útero de su madre que sacarlo de su pensamiento”.

Por Carla Varaona de Lacayo / La Prensa Gráfica
www.laprensagrafica.com

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