Editorial 

Las 15 enfermedades que puede padecer el liderazgo

Respecto  a los atributos que parecieran ser universales en un líder, se podrían mencionar los siguientes: el líder se caracteriza por su honestidad intachable, gran dosis de creatividad, fuerza y sustentabilidad. Tiene autoestima, confianza en sí mismo y los demás, pues esta  implica un enorme compromiso individual y colectivo. Posee un humor especial, particularmente en momentos difíciles. Es un gran maestro en las verdaderas comunicaciones, tiene un carácter y comportamiento inspirador. Es realista y capaz de definir la realidad, abraza con naturalidad el cambio, posee un liderazgo interno y externo, alcanza un alto nivel de conciencia individual y colectiva, es arquitecto del cambio y no una víctima del cambio.

El futuro es la era de la auto-realización, donde se pasará de lo material a lo espiritual, de lo individual a lo colectivo, de lo externo a lo interno,  del saber a la experiencia, de una naturaleza muerta y poco inteligente a una naturaleza viva e infinitamente inteligente.

En síntesis, el líder del futuro será una persona espiritual, con un sentido de lo colectivo, una mirada interna, y dará especial relevancia al aprendizaje por experimentación, lo cual requiere conexión con la naturaleza.

Por lo tanto, los líderes no serán sólo personas que “saben” (el saber), sino además personas que son “auto-realizadas” (la sabiduría).  En este mundo sin fronteras, los líderes serán seres globales: “que tienen la habilidad de transformarse en el otro sin perder su propia identidad”.

El papa Francisco es considerado uno de los mejores líderes del mundo, ya que su influencia llega más allá de la iglesia católica, una institución que se ha comprometido a modernizar.

Recientemente, dio un discurso dirigido a la curia romana, en el que detalló “las 15 enfermedades” que pueden padecer quienes están en posiciones de liderazgo. Gary Hamel, experto en negocios, escribió en Harvard Bussiness Review que sus consejos pueden aplicarse al mundo empresarial porque después de todo “la iglesia católica es una burocracia, una jerarquía de personas con buen corazón pero almas que no son perfectas.” Es por esto que “tradujo” las palabras del papa a un lenguaje que es comprensible para cualquier organización:

  • Creerse inmortal, inmune o de plano indispensable: esto lleva a descuidar chequeos regulares, además convierte a los líderes en “amos y maestros” que creen estar por encima de otros. El antídoto a esta enfermedad es la humildad.
  • Estar demasiado ocupado: la persona que se enfoca demasiado en el trabajo y olvida descansar sufre de estrés y agitación. Por eso todos deben tomarse tiempo para su familia, lo que funcionará para recargar pilas.
  • Tener el “corazón de piedra”: los líderes que pierden su serenidad interior, su sentido de alerta y de audacia dejan de servir a la comunidad, perdiendo la sensibilidad para llorar con quienes lloran y alegrarse con quienes se alegran.
  • Planear demasiado: cuando un líder planea todo hasta el último segundo se convierte en un contador o administrador. No hay que eliminar el espacio para espontaneidad.
  • Mala coordinación: si los líderes no crean una comunidad armoniosa entre ellos, se pierde el equilibrio. Los miembros del equipo deben trabajar con un espíritu de camaradería.
  • Perder la memoria: no hay que olvidar a quienes le ayudaron a crecer y ascender, a quienes fueron mentores y apoyo en el camino.
  • Rivalidad y vanagloria:cuando los títulos, beneficios y apariencias se convierten en la razón de vivir, los líderes olvidan que su principal labor es velar por los intereses de otros.
  • “Esquizofrenia intelectual”: el papa llama a esta “la enfermedad de quienes viven una doble vida, fruto de la hipocresía”, que con frecuencia ataca a personas con altos cargos, que ya no están en contacto con otros colaboradores ni con la realidad.
  • Los chismes: a veces comienzan simplemente con una conversación banal, pero pueden convertirse en “un asesino a sangre fría del buen nombre de colegas.”
  • Idolatrar a superiores: la enfermedad de quienes cortejan a sus jefes, honrando a personas y no a la organización.
  • Indiferencia a otros: cuando el líder piensa solo en sí mismo, perdiendo la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas genuinas.
  • Falta de sentido del humor: las personas que son siempre serias, mostrando un rostro severo y tratando a otros con rigor y arrogancia. Un líder debe ser cortés, sereno y entusiasta.
  • Acaparamiento: se da cuando un líder acumula bienes materiales no por necesidad sino para sentirse seguro.
  • Círculos cerrados: cuando al pertenecer a un pequeño grupo se pierde el sentido de identidad compartida y los líderes se vuelven contra “los de afuera”.
  • Extravagancia: sucede cuando un líder convierte su servicio en poder, usándolo para obtener bien en materiales y más poder.

Laus Deo
Alabado sea Dios

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