Opinión 

Los invisibles

Apenas levanta un palmo del suelo. Y no tiene nombre. Se lo han robado. A casi nadie le importa. Tampoco parece preocupar su paradero ni el de los otros 10.000 niños migrantes que Europol da por desaparecidos en Europa. Hace un mes se conoció esta cifra que revela el descontrol y la falta de medios de las autoridades europeas para garantizar los derechos de los menores que atraviesan las fronteras como inmigrantes huyendo de la pobreza o como refugiados escapando de la guerra.

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Ha pasado ese mes y estos niños siguen perdidos. Y olvidados por casi todos. Así es la anestesia que propicia la cultura de la indiferencia que condena Francisco. También en España, que miraba a Italia, a Alemania y a Suecia lamentando lo ocurrido, pero con la conciencia de que el drama estaba lejos. Sin embargo, según datos de Cruz Roja Española a los que ha tenido acceso el equipo de investigación de la revista Vida Nueva, en 2015 sólo en sus centros perdieron la pista de 113 niños migrantes.
«Desgraciadamente estos números no suponen más que la punta del iceberg», lamentan desde esta ong, convencidos de que son menores robados a sus familias y explotados en manos de mafias. Si se cruzan estos datos con los facilitados por otras entidades que luchan contra la trata de personas, la cifra podría dispararse. De ello dan fe tanto la Fundación Amaranta como Proyecto Esperanza, iniciativas de las religiosas adoratrices, que buscan salvar a las mujeres y niños víctimas de la trata y la prostitución. «Es duro decirlo, pero los niños que desaparecen de nuestros centros ya no aparecen…», alerta Pilar Casas, directora de Amaranta.

Por: José Beltrán

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