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Historias de fe tras la recolección de palmas de coyol

El Domingo de Ramos, los católicos recuerdan la entrada triunfal de Jesús de Nazaret a Jerusalén.

Para dicha actividad, la iglesia católica utiliza las palmas, que son usadas en forma de alfombra o para elaborar ramos.
Con estas incluso elaboran cruces que colocan en las puertas de sus casas como símbolo de protección y bendición.
Las palmas son de coyol, que crece en lugares cálidos. Miembros de las diferentes hermandades del país se organizan desde varias semanas antes para obtenerlas.

Elmer Armando Espinoza, de la Hermandad de Jesús Nazareno de Apaneca, Ahuachapán, señaló que viajar hasta los sitios donde se adquieren las palmas, significa momentos de convivencia. Desde hace 30 años, Espinoza coordina la recolección de las palmas en su Hermandad.

No cualquier persona se atreve a cortarlas, debido a que ésta palmácea mide más de 12 metros de altura, y tiene muchas espinas que afectan a quienes realizan dicha faena.

Este año viajaron hasta un sitio conocido como El Cocalito, en el cantón Cara Sucia, en San Francisco Menéndez, donde obtuvieron unas 70 libras de palma.

Les quitan las espinas, son limpiadas, y posteriormente llevadas hasta la iglesia, donde el sacerdote las entrega a los feligreses, ya bendecidas.

Espinoza relató que de Apaneca salen a las 4:00 de la madrugada y llegan al lugar casi dos horas después.

En Juayúa

El prosecretario de la Hermandad de Jesús Nazareno, Santo Entierro y Resurrección, en Juayúa, Sonsonate, Raúl Linares, expresó que viajan hasta Cuisnahuat, para comprar las palmas.

Desde 2014 dejaron de ir a una comunidad llamada Mirazalco, en Nahuizalco, debido a los índices de delincuencia que vive el país.

Aunque nunca recibieron alguna amenaza ni sufrieron atentados, optaron por dejar de viajar a este municipio por prevención. Linares relató que iban muchos jóvenes, por lo que mejor tomaron dicha decisión.

En un camión viajaban unos 20 miembros, quienes se dedicaban a cortar las palmas; pero además, realizaban una convivencia.

“Se preparaba comida; no era un ratito sino que toda la mañana que se iba a cortar”, recordó. Actualmente ya no viajan en camión sino que en un pick up; además, ya no son ellos mismos quienes la corta pues la compran a las personas en la zona.

La historia sigue

Otra de las hermandades que estuvo de fiesta a inicios de este año fue la de Jesús Nazareno, de Izalco, en Sonsonate, que surgió hace 75 años, luego de que las actividades de la entonces cofradía de Jesús Nazareno crecieran y el número de socios se incrementara.

Mario Vanegas, de la referida hermandad, explicó que la celebración de fundación de la hermandad inició el sábado 7 de febrero con una tradicional “vela”, donde se construyó un altar alusivo a los años 50.

Hubo música de marimba, las calles fueron adornadas con gallardetes, hubo chilate y el tradicional dulce típico de la época. La gente llegó a venerar la imagen, para agradecer favores o para pedir un milagro.

El domingo, a las 8:00 de la mañana hubo una misa de acción de gracias y a las 11:00 salió la procesión, que culminó 11 horas después, luego de haber recorrido ocho barrios de Izalco.

Una de las personas que lamentó no haber asistido por primera vez en su vida fue don José Dolores Elas, de 81 años, quien hace ocho meses sufrió una fractura en su columna y también perdió la vista. Él pertenece a la Hermandad del Santo Entierro desde 1945 y a la Hermandad de Jesús Nazareno desde 1948.

Postrado en su cama, dijo sentirse orgulloso de ser miembro de las hermandades, pese a encontrarse en una situación adversa de salud.

Fue uno de los fundadores de esta hermandad. Recuerda claramente los días que trabajó en la construcción de la casa de Jesús Nazareno, acarreando piedras desde el río Shutía hasta el barrio San Sebastián. Asimismo, fue uno de los artífices de la creación de la banda de la hermandad, en el año 2012.

Por Cristian Díaz www.elsalvador.com

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