Fe 

En el camino de Emaús

La tarde siguiente a la resurrección de Jesús, dos de sus discípulos salieron de Jerusalén para regresar a Emaús. Jesús se unió a ellos y les acompañó hasta la aldea.

Mucho de los peregrinos que habían ido a Jerusalén para la Pascua, regresaban ahora a los pueblos y aldeas de los alrededores. Un hombre llamado Cleofás y un compañero suyo, los dos seguidores de Jesús, se dirigían a la aldea de Emaús, a unos 11 km de Jerusalén. Mientras caminaban iban hablando de todo lo que había ocurrido en la ciudad Santa en los últimos días.

Un hombre se unió a los dos viajeros en el camino y les preguntó de qué hablaban. Cleofás se volvió hacia el extraño y le dijo con tristeza:<<Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha ocurrido en ella esos días.>> (Lc  24, 18)

Cleofás y su acompañante relataron lo sucedido: las enseñanzas y milagros de Jesús, la hostilidad de las autoridades religiosas, el juicio, la condena y la crucifixión por los romanos. Ellos creyeron que Jesús era él mesías, pero su muerte había frustrado sus esperanzas. Hablaron también al extraño de la noticia del sepulcro vacío, que habían encontrado aquel día por la mañana las mujeres; pero ellos estaban confusos ante aquellos acontecimientos.

<<¡Qué torpes sois y que tardos para creer lo que os dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria? >> (24, 25-26), dijo entonces el viajero. Y comenzando por el principio de las Escrituras, les interpretó todo lo que decían sobre Cristo y explicó cómo todo lo que le había ocurrido a Jesús en la ciudad de Jerusalén se había profetizado hacía mucho tiempo.

Los viajeros no tardaron en llegar a la aldea de Emaús, aquel extraño hombre parecía dispuesto a seguir su viaje, pero Cleofás y su acompañante le pidieron que pasara la noche con ellos, el él accedió. Luego, sentados a la mesa los tres para la cena, el viajero bendijo el pan, lo partió y se lo dio a los otros.

En ese momento Cleofás y el otro reconocieron a Jesús y en ese mismo instante Jesús desapareció. Quedaron asombrados, y comentaron el entusiasmo que habían sentido mientras Jesús les explicaba las Escrituras. Aunque ya era tarde, regresaron a Jerusalén apresuradamente para contar a los discípulos que habían visto a Jesús, que había resucitado.

<<Se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. Entonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron.>> Lucas 24,31

Laus Deo
Alabado sea Dios.

Frase_1

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