Editorial 

El Salvador no tiene quien le escriba

El programa escolar de mi tiempo mandaba leer la novela corta: “El coronel no tiene quien le escriba”, del gran Gabo. Ya no recuerdo bien si en quinto o sexto grado. Leerla me puso en contacto por primera vez con la desesperanza. El coronel y su esposa, sumidos en una pobreza sin salida, me llevó a pensar profundamente en cosas que por mi edad, no tenia en el radar. Lo que más me golpeó fue pensar que el empobrecido Coronel vivía para esperar el correo que llegaba solo los viernes a su pueblo. Esperaba noticias de una pensión que nunca llegaba (cualquier parecido que el lector encuentre con el problema de las pensiones no es coincidencia). Cuando el coronel se convence, o más bien, asume la realidad que la pensión tan esperada nunca vendrá, traslada su esperanza a un gallo. Que en un futuro podría ganar las peleas de una fiesta que llegará en un tiempo no muy lejano y…

Mi patria esta como el coronel, quizás peor, porque al menos el coronel tenía un día y un evento definido al cual esperar: soñaba con ese viernes loco en el que recibiría la carta que le notificaba que después de 15 años de espera, su pensión era aprobada y le cambiaba la vida. El Salvador ya no sabe qué esperar o si realmente está esperando algo. De aquí donde estamos como nación solo hay tres caminos.

La total desesperanza. Lleva solo a un lugar: el suicidio. El que ya no cree ni espera nada termina matándose. No hay futuro, no hay presente, ni salida, solo la nada. Basta ver la historia de cada persona que hace una matanza de inocentes seguida de suicidio (cuando no hay fanatismo de por medio) para descubrir lo que la desesperanza hace brotar en el ser humano. Dios no permita que lleguemos a ese último escalón como nación.

Pasar nuestra esperanza a cualquier cosa. De ese caldo nacen los dictadores, los fanáticos y las peores esclavitudes. La esclavitud voluntaria, el “antónimo viciado” del libre albedrío, es estar consciente que se está creyendo en una mentira, pero aferrarse a ella con todas las fuerzas por pura desesperación. Los jóvenes por su natural radicalidad son los más proclives a esta manera de vivir. Este es el escenario dominante en la patria, cuando hay profusión de falsos mesías, estafadores, etc. y mucha gente siguiéndolos es que la gente se está “inventando” esperanzas. Como decía el genio G.K. Chesterton: “Cuando se deja de creer en Dios enseguida se cree en cualquier cosa”. Mención aparte el que intenta “manejar” una realidad que lo supera a través de embrutecerse con los vicios y huir de afrontarla.

Hacer un alto y pedir sabiduría. Los más grandes profetas bíblicos siempre tuvieron un solo mensaje cuando el pueblo sufría las consecuencias de sacar a Dios de sus vidas: “vuélvete a tu Creador y Él te liberará”. Como creyente creo que hay una esperanza, pero no cualquier esperanza, sino la esperanza que emana de la Cruz de Cristo, cualquier otra fuera de esa no es real. ¿Y qué es esa esperanza? que solo el amor de Dios puede cambiar e iluminar el corazón del hombre.

El fanatismo enceguecido no es el camino para salir de este laberinto en el que estamos. Difícilmente se nos aparezca el Señor en el espejo del baño y nos diga qué hacer. Solo el contacto con la palabra y su potencia nos lleva a tener lo que hemos perdido en el camino, la falta de eso que perdimos es lo que nos trajo hasta aquí como individuos y como nación, ¡se nos apagó la Luz!. Estamos caminando en la oscuridad y el que camina sin luz no importa qué camino tome igual se terminará equivocando. Este es el momento de parar y pedir que nos iluminen el sendero.

El turno de las Teocracias pasó hace mucho en la historia de la humanidad, pero los tiempos en que vivimos ameritan hombres y mujeres con una sabiduría que nos sobrepasa como individuos. Estamos como nación en el borde del precipicio en muchos aspectos, el camino que se tome tendrá consecuencias que alcanzaran hasta nuestros nietos. No creo en agoreros, señales y mensajes extraños, pero sí creo firmemente que el Espíritu Santo provee el discernimiento y la sabiduría para tomar decisiones. Ya decidimos con el hígado, con el corazón, con la ideología y con el fanatismo ¿no es tiempo para que empecemos a darle importancia al espíritu? Al final nuestra sanidad espiritual, nuestra muy olvidada sanidad espiritual, es la brújula que orienta el camino.

El Salvador, amada patria, deja de creer en cualquiera, detente, deja de tomar decisiones apresuradas intentando apagar con tazas el incendio que te arrasa, date el tiempo de pensar bien que vas a hacer. Permite que Él, quien es real, que existe y que le importas, te ilumine. Ya no sigas esperando la carta que no llegará porque eso que esperas ya vino, caminó entre nosotros y se sacrificó por ti. Busca la Luz y la Luz te recibirá.

Por: CristhianP
cristhianpblog@gmail.com

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