Editorial 

La urgente necesidad de la urbanidad, moral y cívica

Es una gran noticia que los diputados hayan aprobado que se imparta urbanidad y cívica en los centros escolares desde Kindergarten hasta el Bachillerato, pero, sería oportuno que también se imparta en las aulas universitarias. Hay mucho que decir al respecto.

Desde la perspectiva en la que cada familia educa, eso se evidencia también en el ámbito escolar. En las sociedades modernas ambos padres laboran y dejan a la deriva a los hijos en los hogares, los cuales hacen y deshacen. No se les habla de Dios, de Jesús, ni mucho menos de valores.
Con la urbanidad es suficiente observar en las calles a alumnos que van fumando con su uniforme escolar, se expresan de las demás personas con palabras soeces, se les escucha hablar mal hasta de los maestros y de sus propios padres: “esa vieja me cae mal”, “ese viejo cuadrado”, “vieja hija de…”. Las alumnas van pintándose en los buses, parece que van a una fiesta; usan minifaldas, se les quedan viendo en la calle. Lógico, ellas saben que despiertan el morbo ¿Acaso no les dicen nada en la casa? ¿Tienen normativas el centro escolar o colegio?¿Son sus padres personas que no predican con el ejemplo?

El civismo no se practica, no se respeta los símbolos patrios, no hay respeto a las autoridades, etcétera ¿Deseamos ese tipo de sociedad en medio de tanta inseguridad y delincuencia?
Sobre urbanidad hay mucho que decir, con solo andar en la calle se evidencian tantas barbaridades. En los buses se escucha rap y perreo, música que incita al sexo, letras que no dejan nada a la imaginación, y el colmo, los niños van absorbiendo cual esponjita esos mensajes. El motorista se siente un “dios” e inicia a insultar a los otros motoristas y pasajeros, le sacan la madre con el pito del vehículo a cualquiera que se le ponga enfrente. Es gratificante cuando en el trasporte escolar un motorista sintoniza una radio que hable de Dios.

Asisto junto con mi familia a la iglesia católica, a la par está una cancha de fútbol rápido, mientras escuchamos los sermones se escuchan malas palabras y, todos mejor optamos por hacernos los desentendidos ¿Tendrían que jugar solo personas educadas en ese lugar?

La lectura de la Biblia en los centros escolares está en “stand by”, la cual sería una forma de enseñar valores, moralidad y urbanidad. La Biblia es un libro base para educar, pero, algunos no están de acuerdo.
En muchos hogares la música es estridente, los perros hacen sus necesidades en la acera, en la grama o en cualquier lugar, nadie limpia, ni mucho menos el dueño de la mascota. Se escuchan malas palabras, personas ingiriendo bebidas alcohólicas en horas indebidas. Existe violencia intrafamiliar.

La moral servirá hasta para que disminuya los embarazos precoces, para que las drogas y el alcohol no sean el objeto de moda de la juventud. Ayudará para formar mejores ciudadanos, educados, respetando los símbolos patrios, saludando desde que se levantan en sus hogares. Servirá para que en las escuelas hasta el maestro cambie de actitud y sea más educado.

Es hora que el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras y otros libros se desempolven, y vuelvan a instruir a una generación que se está perdiendo. Es tiempo que en el país, no importa la clase social, aprovechen las lecturas mágicas sobre moral, cívica y urbanidad. Eso ayudará a que tengamos a mejores personas en una sociedad en decadencia.

Por: Fidel López Eguizábal. Catedrático Universidad Francisco Gavidia

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